LA REFORESTACIÓN DE MÉXICO

 


 

Vladimir Rothschuh


 Con techo azul y blanco de sodalita y un altépetl extenso e inmenso de chalchihuites, vivió la Presidenta de México una de las postales más hermosas de su mandato: la Reforestación de México. El escenario sagrado e innovador repleto de manos listas para sembrar vida acabó despertando a la Iztaccíhuatl. De pie todos, celebrando la jornada que la Presidenta ahí inauguraba, la creatividad de la naturaleza desbordó felizmente el machote calcado e imitado infinitas veces entre lonas y granito. Así como en la Mañanera fresca de plantas y simulaciones geográficas de México en sus vegetaciones anunciando Sheinbaum la Jornada Nacional de Reforestación 2026, ahora, de lo virtual pasó la Presidenta a vivir lo textual de un soplo inolvidable respirando vida y sembrando simbolismo yendo a despertar de su sueño de siglos a la Mujer de Blanco. No se trataba de una simulación de escritorio: en ese solo día se desplegó una meta sin precedentes de 6.6 millones de árboles y plantas sembrados de forma simultánea a lo largo de 32,000 hectáreas en 621 municipios de los 32 estados del país. Sería magnífico que a partir de ayer los responsables de la logística en las giras de la Presidenta ensayen de vez en cuando nuevos giros escenográficos; porque talento fresco sí hay en el Segundo Piso de la Transformación como lo deja ver Columba López, añadiendo no solamente escenografías creativas en sus acciones sino resolviendo la penosa herencia de 173 años de patriarcado con el jitomate, el maíz blanco, el gusano barrenador, el aguacate, azúcar y los frijoles. Hay tablado, hay narrativa, hay aplauso, hay vida en cada nueva planta, árbol o semilla que ayer comenzó a germinar y a crecer, regadas por ese momento de felicidad compartida por la Presidenta y la gente de Agricultura, Conafor, Ejército, ejidatarios, comuneros en las faldas de la Mujer Despierta. Un despliegue monumental que movilizó a más de 235,000 personas, entre brigadistas, universitarios, voluntarios y comunidades, y que conectó en enlace remoto directo a la Jefa del Ejecutivo con los 32 gobernadores y gobernadoras desde sus propias entidades. Frente a la herida abierta en la tierra e historia -nunca más El Paso de Cortés- México también enfrenta la pérdida de unas 203,000 hectáreas anuales por deforestación, minería, además de las 846,000 hectáreas afectadas por incendios y las 62,000 devastadas por plagas. El gesto de Sheinbaum en las faldas de la adormilada esposa del Popo, cobraba la dimensión de una batalla ampliada por su feminismo, porque de la mujer es la tierra: la intervención directa en 37 Áreas Naturales Protegidas y 17 Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación, abarcando desde bosques templados y nublados hasta selvas, matorrales y manglares, marcando el primer paso hacia una esperanzadora meta sexenal de 1,500 millones de plantas sembradas para el año 2030. En el veranillo tan fieramente caluroso como la gracia concedida por Tlazoltéotl para que su pueblo siembre ahora y pepene en las fiestas de la Toci-Abuela, la Presidenta de México comulgaba con Iztaccíhuatl los nuevos tiempos del despertar de las mujeres. Por lo alto del sacro altépetl, Sheinbaum quebraba siglos de invisibilidad de las mexicanas y además, atajaba el paso del invasor con millones de manos sembradoras de vida.