Vladimir Rothschuh
A manera de enmendar el fraude electoral en la
reciente consulta popular oaxaqueña, la iniciativa de la presidenta Sheinbaum
contempla extender la revocación de mandato a municipios y que los partidos
estatales puedan convocarla. El Partido del Trabajo llamó un burdo fraude a la
consulta de Salomón Jara; según la gente de Alberto Anaya, robó votos, preñó
urnas, se adueñó del poder electoral estatal; en fin, el partido aliado de
Morena señaló los vicios del priísmo en su representante ejecutivo de Oaxaca. Y
la estafa electoral embarazando urnas, o bien tamaleando boletas, como si
hubiese ocurrido en el remoto Valle del Marquesado, no tuvo eco en ningún lado,
ni en el INE, ni en el TEPJF. Aquí radica otra de las razones de la reforma
electoral de la Presidenta para acabar con las prácticas caciquiles de los
gobernadores que, como roban, imponen y dejan a la parentela en los poderes
estatales, gracias a los OPLES. Curiosamente, el INE y los partidos se oponen a
desaparecer esos feudos mal llamados Organismos Públicos Locales Electorales,
que, como se va viendo, están subordinados a los deseos del gobernador en
turno. Y no se trata solamente de quienes fueron priístas y amanecieron
morenos, sino que ahí están los naranjas en Jalisco y en Nuevo León, los verdes
en Chiapas y en San Luis. La reciente revocación de mandato que perdió Salomón
Jara tuvo el visto bueno de Morena, que implicó hacerse de la vista gorda con
los chantajes de la Coordinadora 22 contra Mario Delgado y Martí Batres; tanto
así, como del ninguneo a los petistas que ahora no acompañan la reforma
electoral de la Presidenta puesto que se niegan a ser aderezo de las tlayudas
sobre manteles guindas. Aun cuando esta reforma electoral apunte a cauterizar
los vicios priístas oaxaqueños, los petistas se siguen diciendo resentidos. El
líder de San Lázaro confirmó que el documento filtrado por sus diputados es
verdadero, pero no el definitivo, porque pasado mañana se conocerá el
descafeinado latte conseguido en la rebeldía de quienes luchan por sostener el
statu quo del Ogro Filantrópico priísta. Se le debe al habilidoso senador
Monreal haber sacado de la carrera sucesoria oaxaqueña a Susana Harp y a
Ramírez Pineda. Logró, junto con el nuevo Grupo Atlacomulco morenista,
imponérsele al presidente López Obrador con falsas encuestas en torno a su
amigo el senador Jara. El presidente López Obrador, pudiendo ejercer el poder
absoluto porque era amigo beisbolero de Harp Helú, como añejo de Heladio
Ramírez, se abstuvo y aceptó los imperativos de Monreal como también se los
admitió cuando el zacatecano le cerró el paso a Bernardo Bátiz para Fiscal de
la República. La reforma de la presidenta Sheinbaum, por donde se le mire, trae
más beneficios que las actuales reglas surgidas del peñista Pacto por México,
donde esos oaxaqueños fueron uña y mugre.