Vladimir Rothschuh
La región Mixteca-Chocholteca fue la zona más poderosa del sur de México hasta la conquista de los mexicas. Los descendientes del afamado Rey Atonaltzin mantuvieron su identidad por milenios de luchas y dominación, volviendo a saltar al ámbito nacional hace poco ante la SCJN por una disputa territorial y de reconocimiento a sus modelos de impartición de justicia. Esta es la región escogida por el ministro presidente de la Suprema Corte y nativo originario mixteco, Hugo Aguilar Ortiz, para echar a andar su cuarto conversatorio de justicia en territorio, desde y en torno, a los pueblos y voces originarias excluidas por siglos de la justicia impartida por gente blanca, como señala el filósofo italiano Franco Berardi acerca de este especismo histórico. Estrictamente, puede afirmarse que el presidente Aguilar Ortiz tomó el punto neurálgico de San Cristóbal Suchixtlahuaca para emprender el cuarto de varios diálogos constructores de una justicia real y verdadera, no nada más en los expedientes y escritorios. El ministro presidente se hizo acompañar de decenas de comunidades de los pueblos Ngigua-ngiba, Mixteco y Nahua, magistradas y magistrados del Poder Judicial Federal del Decimotercer Circuito e integrantes del Tribunal Electoral Superior de Oaxaca y del Tribunal Superior de Justicia de esa misma entidad; del Instituto de la Defensoría Pública Federal y de organismos internacionales como las Naciones Unidas. El sentido de estos diálogos pluriculturales apunta a constituir un protocolo en materia de armonización y coordinación de justicias para la consolidación del pluralismo jurídico mexicano. Este cuarto diálogo entre justicias hilvana el primero de ellos, que fue un hito en la historia externa e íntima de la SCJN en la Sierra Norte oaxaqueña con autoridades y comunidades zapotecas y chinantecas; enseguida fue Nayarit con los pueblos Wixárika, Náyeri y Mexican; ocurriendo enseguida el penúltimo diálogo en Cuetzalan, con los pueblos Nahua, Tutunakuj y Ngíväs, donde Aguilar Ortiz enfatizó el encabalgamiento de los trabajos de los jueces de paz con la justicia de estas comunidades. La justicia en territorio ha sacado al sol y viento a los ministros de la Suprema Corte a conocer los muchos Méxicos que nuestra constitución estandariza y deforma con un solo tipo de sentencia. La ambición del ministro presidente Hugo Aguilar es que el nuevo e inicial pluralismo jurídico mexicano reconozca los sistemas normativos indígenas y que se sumen a la edificación de una justicia intercultural, inclusiva y cercana a la gente.
