Por Vladimir Rothschuh
La reciente visita de la
Presidenta de México a Sinaloa marcó un eje renovado en la relación del
Gobierno Federal y el corazón agrícola del país. En su gira de rendición de
cuentas Sheinbaum reafirmó que el
desarrollo del sector agrícola es una prioridad estratégica para la soberanía
alimentaria nacional. Escuchando de viva voz las inquietudes de los productores
sinaloenses sobre la comercialización y el financiamiento de sus productos, la
Presidenta respondió con el activo más valioso de sus políticas públicas:
presencia territorial inmediata, diálogo directo y resoluciones operativas de
fondo. La materialización de esta
encomienda quedó a cargo de Columba López, consiguiendo conforme a su
estilo un sustancial despliegue de varios
días de resultados en territorio sinaloense. La misión rebasó la simple labor
administrativa de ventanilla que durante años caracterizó al sector: hoy se
construye la verdadera transformación estructural desde el surco. Los frutos alcanzados en este
encuentro de Sader con los productores estatales, abrieron una etapa de certeza
debido a que se agilizó la dispersión de los incentivos por tonelada mediante
la revisión transparente de padrones, se eliminaron las trabas burocráticas con
un esquema de atención "uno a uno" y se instalaron mesas de trabajo
con la banca de desarrollo para garantizar crédito accesible y oportuno de cara
al ciclo otoño-invierno y a las vedas acuícolas. Columba López imprimió su
sello bajo la instrucción presidencial inequívoca, superar los esquemas del pasado que en ocho
años dieron otros resultados. Las fórmulas técnicas que funcionaban en el
papel, tropezaban en la dinámica diaria de los Módulos de Riego; las gestiones
locales que solían verse rebasadas por la magnitud de la agenda agrícola, han
dado paso a una coordinación federal decidida desde la nueva Sader. Al enfocar
los esfuerzos en la reducción de costos de insumos, la eficiencia hídrica ante
los desafíos climáticos y la protección de los precios para el productor, la
estrategia de la presidenta Sheinbaum manifiesta que su política agrícola ya no
se limita a contemplar los indicadores macroeconómicos o a gestionar la inercia
legada cuando hoy las políticas agrarias se ejercen en las siembras y mano a
mano con la gente. Columba López fue enfática cuando les dijo a los productores
sinaloenses de tierra y mar que la transformación rural ya no se garabatea
desde la distancia de un escritorio ni bajo la complacencia pretérita: la
alianza es directa con quienes alimentan al país. El acuerdo trazado por la
nueva Sader con los productores pesqueros, ganaderos y agrícolas de Sinaloa, define
un trayecto de trabajo con metas claras a 30 días y un Plan Multianual a cuatro
años como un nuevo pacto del Estado por un agro comercial y sustentable. La
determinación de la presidenta Sheinbaum, ejecutada con capacidad técnica y
sensibilidad social en el campo, sentencia que cuando se asume el liderazgo con
una visión integral, hay estabilidad y paz.
