Vladimir Rothschuh
Columba López relanzó el llamado
mundial de Claudia Sheinbaum del 2024 a las potencias reunidas en Brasil para
invertir en paz antes que en guerras. En ese entonces era única la crisis en
Ucrania y hoy ese belicismo se extiende al Medio Oriente. Sembrar Paz y no guerra fue más que el eslogan de la
Presidenta de México pidiendo a China, Rusia y Estados Unidos destinar el 1% de
su gasto armamentista, que a nivel mundial significa unos 24,000 millones de
dólares anuales, con tal de financiar un plan de reforestación el más ambicioso
de la historia que de alguna forma coincidía con el sabio entomólogo E. O.
Wilson y su proyecto ante la ONU de dejar la mitad del planeta para la vida
silvestre. La Presidenta de México propuso en esa cumbre brasileña restaurar 15 millones de hectáreas y
beneficiar a seis millones de agricultores en todo el mundo. Sheinbaum se ha
mantenido en ese horizonte humanista trascendiendo dicho discurso diplomático
para convertirlo en una política pública concreta al interior de México. La Jornada
Nacional de Reforestación intervendrá
32,184 hectáreas repartidas en 621 municipios y 1,632 núcleos agrarios
de las 32 entidades federativas. Intervención más que reforestación porque
implica ir lejos de la mera la siembra de árboles y cuidarlos, como abundó
Columba López, cuando logró sumar a 28 mil personas de Sembrando Vida a un generoso
programa nacional de alfabetización de adultos con respaldo del INEA. Merece
tener perspectiva social la productividad rural, algo así como repite Sheinbaum
cuando señala que hay que ir a las causas, logrando que la educación transforme
vidas. La intervención reforestal de este año
contempla la siembra de 6.6 millones de árboles y plantas, iniciando sus
labores operativas en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl. Más allá de
la cifra, el modelo destaca por articular a dependencias clave como
Agricultura, Medioambiente, Conafor y el programa Sembrando Vida con las
comunidades ejidales, poseedoras del 60% de los ecosistemas forestales del
territorio nacional. Sembrar Paz equivale a ir a la raíz de los actuales
desplazamientos de los pueblos originarios donde el crimen organizado ha hecho
de la tala ilegal otro negocio cruel, como a su vez persigue esta intervención
regenerar suelos degradados y proteger las cuencas hídricas. Al
institucionalizar este despliegue de forma anual, la antes que nada
ambientalista Nobel y Presidenta de México, persigue continuar en su ruta hacia
el año 2030 con la meta de 1,500 millones de árboles sembrados. Claudia
Sheinbaum, desde su propuesta globalista del 2024 al día de hoy, consigue
transformar la diplomacia ambiental de Sembrar Paz y no guerras bajo un
ambicioso compromiso de restauración mexicano de perspectiva internacional.
Habrá que sumar entonces al canciller Velasco para que cacaree en los foros
mundiales como en embajadas y consulados, el aporte de Sheinbaum y los mexicanos a la
paz del planeta.