Vladimir
Rothschuh
Prontamente
ha restituido su agenda latinoamericana la Jefa del Estado mexicano conforme la
cartografía heredada por su mentor. Temporalidad más que suficiente para tener
que violentarla con los extravíos de la falsa izquierda sudamericana. El giro
ocurre cuando el canciller Velasco mueve la diplomacia mexicana hacia los
intereses del Segundo Piso y no a los del exrector de la UNAM metido en berenjenales
con Lula, Pedro Sánchez, Petro, Maduro y Díaz Canel. La presidenta Sheinbaum
comenzaba a resentir el involucramiento en los comicios colombianos donde cargaría
la derrota de Cepeda y antier le dio la espalda alejándose de ese infortunio
petrista. El canciller Velasco, hechura de Marcelo Ebrard, resulta ser un buen
acólito porque en la cancillería de López Obrador la diplomacia mexicana
mantuvo distancia con Venezuela, Chile, Argentina, Cuba, Bolivia, Perú para
bien del humanismo mexicano y del exitoso programa de la economía moral que
separó el progresismo mexicano de los socialismos tradicionales ajustados
al viejo breviario estalinista como mampara en los escasos logros sociales de sus países. Los gobiernos
ricos y pueblos pobres de las nomenclaturas criollas de las izquierdas del cono
sur, contrastaron con la Cuarta Transformación de Primero los Pobres; la
diplomacia cuatroteísta se ciñó a la Doctrina Estrada en la misma solidaridad
del presidencialismo pasado. La autodeterminación de los pueblos implicaba que
tampoco Lula como Maduro o Petro, hicieran de México su trampolín. Todo se
debió a la practicidad de Ebrard, que ahora repite el canciller Velasco y que
ha logrado recomponer los errores de contaminar el petróleo mexicano con
el brasileño o embarcar al Segundo Piso con lo que suceda en los comicios
colombianos. Fue desalentador cuando Juan Ramón deslució la
diplomacia mexicana con la corrupción del PSOE, porque no se trata solamente de
los escándalos de Sánchez, sino de Zapatero y su participación en el asesinato
de Chávez y los ríos de narcodólares venezolanos que vía ibérica cruzaron ida y
vuelta hasta Irán. El regaño público de la Presidenta a la Manuela López fue
una dosis sobrecargada de la Hierba de San Juan a todo el lastre guinda que no
cesa en sus fines de arriar las viejas banderas del proxenetismo
antiimperialista latinoamericano. Los que se indignaron con Landau por comenzar
a retirarle el visado gringo a los guindas que ensuciaban la relación de Trump
con Sheinbaum, están incómodos por la amonestación pública a la prima incómoda
del expresidente López Obrador, quizá émula de la misiva que envió desde
Palenque al Trump reloaded con Marco Rubio. Lo que certifica el control
magistral que mantuvo el canciller Ebrard en el sexenio pasado, evitando contagios
más allá de la diplomacia y más acá de la agenda doméstica nacional y que hoy
reasume el canciller Velasco, apartando a la presidenta Sheinbaum de los
tropiezos que atraen las izquierdas latinoamericanas. Todos los descalabros de
los gobiernos socialistas latinoamericanos como en Chile, Honduras, Ecuador,
Argentina, Bolivia y lo que viene en Colombia no se le puede achacar a Trump si
fueron malas administraciones públicas. La segunda vuelta colombiana se
enfrenta a la corrupción de los Carrotanques, Ricardo Roa, Petro Burgos, el
Pacto de la Picota, narcotráfico, alta inflación, inversión extranjera baja,
altas tasas de interés, desconfianza empresarial, nula obra pública. Haber
aumentado el salario mínimo y creado los programas sociales Renta Ciudadana y
Colombia Mayor, ayudó a convencer a los electores, obteniendo el Pacto
Histórico, conformado por Colombia Humana, Polo Democrático
Alternativo, la Unión Patriótica y el Partido Comunista, una
aprobación del 22%. Petro y Lula ya señalan al responsable de esa derrota: el
injerencismo de Estados Unidos. Algo semejante a lo que compartió y adelantó
Ricardo Monreal como la otra Manuela Primorosa, acerca de nuestros causales de
nulidad. La sana distancia de la presidenta Sheinbaum con los vicios
estalinistas en Sudamérica, aunada a la restitución de la Doctrina Estrada en
Relaciones Exteriores, evitará a México ser arrastrado en la falta de
honestidad de aquellos mandatarios.