Vladimir Rothschuh
Clara Brugada no encontró una
pizca de cultura en las Fuerzas Armadas para permitirle compartir el espacio
cultural más vasto del mundo, que es el Bosque de Chapultepec, Naturaleza y
Cultura; esto es, que se reinstalara la milicia con un museo que no presentaría un
inédito Siqueiros o un José María Velasco recién descubierto, una macana colhua o una rodela maya. La negativa de la Jefa de Gobierno restablece la
larga tradición de la izquierda mexicana hacia el Ejército como responsable de
la represión social, desapariciones, torturas y que tiene ante la SCJN abiertos
reclamos de justicia por la Guerra Sucia y mantiene en las calles las protestas
de los 43. La Primera Sala de la Suprema Corte ha sostenido, además, que es jurídicamente
posible investigar y sancionar como delitos de lesa humanidad hechos de la
llamada Guerra Sucia. Chapultepec, Naturaleza y Cultura es un espacio cultural
de más de 800 hectáreas, concebido como uno de los grandes proyectos culturales
y ambientales del país, logrado durante la gestión de Alejandra Frausto como
titular de Cultura federal y hoy acompañante en el gabinete de la CDMX desde la
Secretaría de Turismo. El proyecto incorporó, además, terrenos que
anteriormente pertenecían a la Secretaría de la Defensa Nacional. La larga
lucha republicana de México ha girado en torno de asonadas militares, golpes y
luchas por la civilidad. La última expresión del restablecimiento del mando
civil fue cuando el general Lázaro Cárdenas, después de romper con el maximato
callista, optó en 1940 por un sucesor moderado: el general Manuel Ávila
Camacho. Pero el dato decisivo vendría después: Ávila Camacho, también militar,
condujo el tránsito hacia un régimen en el que la Presidencia dejó de recaer en
un hombre de carrera castrense y entregó la sucesión a Miguel Alemán, primer
presidente civil de la etapa posrevolucionaria. Después de la matanza
estudiantil del 68, el progresismo mexicano se corrió hacia la izquierda
demandando pluralidad al Partido de Estado bajo la narrativa garantista que el
país exigía conforme los logros democráticos de otras naciones. El discurso de
la izquierda se mantuvo desde entonces hasta 2019, cuando ocurre el concubinato
de la izquierda con el Ejército en una transformación penosa que abrió las
puertas a un modelo distante de las democracias occidentales. Bajo el miedo de
terminar López Obrador como otro Madero, acabó desnaturalizando lo que era su
discurso contra la milicia, teniendo en Iguala su elevada narrativa que le
abrió camino a Palacio Nacional. Restituir esos principios de la izquierda
mexicana, sin importaciones postizas del chavismo o el castrismo y su cesarismo
estalinista, es la hoja de ruta retomada por Clara Brugada cuando le señala al
Ejército que Chapultepec es área de valor ambiental y no permite edificaciones
que contradigan el trazo original del esplendoroso proyecto que da realce a
México ante el mundo. Esa restitución de la tradición progresista mexicana,
consolidada a partir del 68, el Halconazo, la Guerra Sucia y los 43, permite
que se utilice el artículo femenino porque condensa el horizonte recuperado de
la izquierda que fecunda a otros sectores honestos de la milicia; el pueblo-ejército
mantiene firme sus roles históricos en la arquitectura republicana de un país
con derechos, donde la civilidad debe sostener el andamiaje democrático como se
concibió a mediados del siglo pasado y que puede alcanzar la madurez de ver a
una civil al frente de las secretarías de la Defensa y de la Marina una vez que
Clara Brugada alcance en el 2030 la máxima magistratura nacional; paso obligado
cuando mantiene nuestra milicia cooperación con el mayor imperio belicista de
Occidente en acciones conjuntas con el Comando Norte de Estados Unidos. En un
país ahíto de violencia, más museos de guerra y armas alimentarían para Clara Brugada, falsamente
conciencias débiles que en la ineducación creen que en la fuerza está la razón
de los mexicanos y no en su cultura.
