La arquitectura y el horizonte en
el campo mexicano han cambiado de manos, de método y de rostro. Durante más de
un siglo, las decisiones del sector agropecuario se dictaron desde despachos
alfombrados y visiones masculinas que redujeron la tierra a una simple
estadística macroeconómica. En el marco del Segundo Informe Presidencial, las
acciones de Columba López representan un hito por ser la primera
mujer en encabezar el sector federal agropecuario, apuntalando un fenómeno
político y operativo sin precedentes: la victoria definitiva del territorio
sobre el escritorio. Hechura técnica y política de la presidenta Claudia
Sheinbaum, ha exhibido en apenas unos meses de gestión en Sader que el campo no
requería discursos, sino botas puestas sobre el surco. Los
indicadores de este inicial periodo disipan cualquier duda. La
contención de la inflación en la canasta básica encontró su pilar más firme en
la estabilización de los precios del jitomate, que, tras haber alcanzado picos
alarmantes de 80 pesos por kilo, descendió drásticamente gracias a la
articulación directa con las cadenas productivas. A la par, la protección en
cultivos estratégicos como el maíz blanco y los cupos exportadores en caña de
azúcar devolvieron certidumbre al abastecimiento, comercio y productores. Uno
de los triunfos más complejos del Segundo Piso en el sector agrícola ha sido la
desactivación de crisis transversales e internacionales. El problema del
aguacate, una tensión binacional que amenazaba las exportaciones y la seguridad
en la franja productora, fue resuelto en una labor coordinada entre Columba
López y Omar García Harfuch, devolviendo gobernabilidad y garantizando el libre
tránsito de los embarques. Asimismo, la respuesta inmediata y técnica ante la
amenaza del gusano barrenador contuvo un riesgo epidemiológico que pudo haber
paralizado la ganadería regional. En los estados, la efectividad del método
Columba ha destrabado añejos nudos de corrupción e ineficiencia. En Nayarit,
Zacatecas y Durango, toneladas de frijol estancadas en las bodegas por desidia
burocrática e intermediarismo fueron rescatadas y canalizadas a los circuitos
comerciales a precio justo. En el sureste, el rescate de la abeja melipona en Yucatán
atendió una demanda ambiental y social olvidada por décadas, librando la
biodiversidad y el sustento de las comunidades mayas. Este dinamismo del
Segundo Piso de la Transformación desmonta de golpe la inercia patriarcal del
sector agrícola. Por generaciones se repitió que la conducción del campo era un
asunto exclusivo de hombres. Sin embargo, como bien observaba la activista y
pensadora hindú Vandana Shiva, la conservación de la tierra, la protección de
las semillas y la soberanía alimentaria han descansado históricamente en el
trabajo invisible de las mujeres. Columba López traslada ese sabio matriarcado
agrícola a la alta función pública: una visión agroecológica, social y
pragmática que entiende que la tierra responde al trabajo directo, no a las
minutas de oficina. La presidenta Sheinbaum, a través de sus cuadros formados
en la eficacia, reafirma que el talento, la capacidad de gestión y la cercanía
con la tierra tienen hoy rostro de mujer.
