DE BARTLETT A ROCHA MOYA

 




 

VLADIMIR ROTHSCHUH

 

El ex titular de la Comisión Federal de Electricidad y el ex gobernador de Sinaloa son la línea del tiempo del injerencismo de Estados Unidos en México.  Lo que distancia a los años ochenta del 2026 se llama TLCAN o T-MEC: la subordinación de la soberanía nacional a los intereses de Washington comenzó cuando Carlos Salinas signa el tratado comercial con George Bush padre y con Brian Mulroney. En ese momento, el destino mexicano se engancha a la locomotora norteamericana sometida a las veleidades de los conductores republicanos y demócratas en turno. Terrible instante en que México se convirtió, en palabras de la presidenta Sheinbaum, la piñata de los políticos gringos. Ronald Reagan era un actor republicano radical, quiso someter muchas veces a México y buscó acorralar a Miguel de la Madrid con el caso Camarena, pero el inquilino de Los Pinos no se sometió al injerencismo de Washington porque no había ningún tratado que supeditara la autoridad presidencial mexicana y del Estado nacional al vasallaje. La homologación de leyes, la invención de acuerdos, arrancó profundamente durante la modernización neoliberal en réplica de lo que estaba ocurriendo en Europa y había que ganarles, no obstante que la visión de la Thatcher se apartaba del salinismo en varios aspectos. Los opositores al TLCAN fueron Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Heberto Castillo, el joven dirigente perredista de Tabasco, Andrés Manuel López Obrador, el subcomandante Marcos y una activista universitaria, Claudia Sheinbaum. Los puntos que alegaban los opositores de izquierda de ese entreguismo salinista a Washington eran: la destrucción del campo mexicano debido a la asimetría de tecnología y subsidios que gozaban los agricultores gringos y que originaría problemas con el maíz blanco, frijoles, papas, jitomate, aguacate, limón, cárnicos, lácteos. En fin, estaban apuntando a un futuro agrario de abandono rural, desempleo, crimen organizado y migraciones masivas. El segundo punto era la pérdida de soberanía y desigualdad económica. Cárdenas, López Obrador, Heberto, Ifigenia, Sheinbaum, apuntaban a que México con el TLCAN quedaba a merced del poderío económico y político norteamericano.  Washington dictaría sus políticas económicas, energéticas, laborales e industriales a los mexicanos. Los otros aspectos fueron: México con mano de obra barata sería maquilador gringo, habría destrucción medioambiental y lo más llamativo, exaltaban esos líderes de izquierda, la “ilegitimidad democrática” del Partido de Estado como dueño absoluto de los poderes políticos. Cada vez que la presidenta Sheinbaum desdice al presidente Trump acerca de los beneficios que atrae a ambas naciones el T-MEC, pule un canto de la joya de la corona neoliberal y echa por la borda la visión de la izquierda que demostró los riesgos distópicos que atraería el TLC a los mexicanos. Nuestra crisis agrícola, las migraciones, el desempleo, los dictados energéticos, comerciales y la elevada violencia, tienen un punto de inflexión en el T-MEC y una línea de tiempo sobre la subordinación injerencista de Estados Unidos. Y que no solamente son los gobernadores actualmente indiciados, sino todos los actores políticos mexicanos desde Salinas hasta hoy acusados por Washington conforme a los acuerdos vinculantes del T-MEC. La sentencia de tan lejos de Adonai y tan cerca de USA se esculpió en piedra con el TLCAN, al grado que parecen irrompibles esos acuerdos cuando nos amenaza y vocifera el presidente Trump como mandamás de los mexicanos. Aquel México industrialista en que se concibió el acuerdo comercial de Norteamérica, ha dejado de existir ante la globalización, deslocalización y la multipolaridad. La presidenta Sheinbaum puede tomarle la palabra al presidente Trump sobre la extinción del T-MEC.

 


FUTBOL Y POLÍTICA

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Morelos es el ejemplo nacional de la mala combinación de futbol y política. Los morelenses votaron a un jugador destacado en la cancha que no acabó la primaria y supo aliarse con aquello que su formación profesional e intelectual le dictaba. La actual anomia que vive Morelos fue radicalizada en el sexenio pasado al grado que la gobernadora Margarita González Saravia llama constantemente a las madres de familia “a que inculquen valores sólidos a sus hijos y fomenten una cultura de paz desde el entorno doméstico, como la vía principal para rescatar y proteger a las niñas, niños y adolescentes morelenses”.  El costo que paga la entidad es elevado y es el azogue de la simbiosis entre gobernados y mandatarios: la autoridad es el prototipo que inspira a seguir con sus buenos o malos ejemplos. El futbol nada tiene que ver con el ejercicio del poder político, pero sus claroscuros de corrupción coincidieron con la posdemocracia mexicana en que la pepena política, los saltimbanquis, el nepotismo y demás aún están vigentes cuando la partidocracia recurre a agentes de la farándula para timar el electorado. Tristemente, en la actual reforma política ni siquiera se mencionó ese mal que corroe el establishment. El llamado de la gobernadora González Saravia se apega a la representación de lo que pueden llegar a ser los morelenses, pero mucho más las mujeres como sínodo de las buenas prácticas familiares y sociales. Desde que el foxismo eliminó de la currícula de la SEP las materias de ética, estética y civismo por innecesarias conforme la percepción conservadora, se abrió un abismo enorme en la formación de aquellos niños que hoy vuelcan socialmente los trastornos de la mala educación por todo el país.  México entra en una nueva parafernalia mundialista que ojalá no sea premonitoria de lo que fueron las crisis  de Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid. La nueva época del segundo Milagro Mexicano ocurrió bajo La Economía Moral y El Humanismo,  por alguna razón, ese esplendor coincidió con un mandatario disímbolo cuya afición no era el futbol y se divertía con las sentencias de Jorge Luis Borges sobre los hinchas argentinos. Margarita González Saravia invoca constantemente el entorno de ambientes sanos, armónicos y afectivos dentro del núcleo familiar para el crecimiento positivo y seguro de los nuevos morelenses. Como la primera mujer en el ejecutivo estatal, su figura la trasciende y la convierte en una epifanía posible: los morelenses son el espejo de sus autoridades.

 

 


ANDY, LOS ULTRAS Y COAHUILA

 



 

Vladimir Rothschuh

 

En Coahuila no ganó el PRI, ganaron los “ultras guindas” afanados en descarrilar la carrera política del obradorismo. Escenario repetido para el expresidente López Obrador que, a lo largo de su carrera y especialmente como jefe de Estado, debió atender infinidad de casos a los que achicó conforme a su habilidad política y estatura moral. La escandalera de Alito “Moreno” es tan ficcional como las acusaciones de Ariadna Montiel a los priístas de haber cometido fraude: unos le agarraron las patas a la vaca y los otros se hartaron con el festín politiquero. Cuanta más espuma tire ese lodazal, mucho mejor a los fines pretendidos de cortar la carrera del heredero directo del obradorismo. El expresidente les dejó a sus sucesores un manual personalizado en sus acciones de gobierno, sobresaliendo su estupenda relación con las oposiciones con las que trabajó codo con codo y las supo asimilar en su administración. Este manual operativo deja claro que las elecciones se ganan antes de ir a las urnas y no después. En versión corta, se llama legitimidad plebiscitaria. Hoy el manual se hace a un lado y el expresidente López Obrador vislumbra que la ingenuidad se viste de seda, alcanzando a mirar detrás del encaje, la rutina empleada contra sus cercanos conforme el breviario de Gutiérrez Barrios y no del suyo. El expresidente ha ido cediendo en la trama sin romper la tela. En ese fluir, Andrés Manuel López-Obrador Beltrán es redimensionado a otra incubadora futurista, más lenta, más resguardada, como solamente supo hacer el Presidente, formando y llevando de la mano su proyecto y programa sucesorio como jamás en el siglo pasado se consiguió plebiscitariamente. La carrera política de Andy será en el terruño; alcanzará una representación popular bajo la responsabilidad obligada y sin tapujos de Pío y de May, porque luego será gobernador de Tabasco y al final de ese mandato, buscará por fuero propio y praxis sobrada la máxima magistratura nacional. Ya para entonces los ultras guindas habrán agotado su fuego fatuo. Y si cuida su salud, el expresidente López Obrador podrá ver de nuevo colmado el proyecto progresista de México. Solicitará a quien esté a su lado: “Pellízcame para ver si no estoy soñando”, como le expresó a Beatriz Gutiérrez Müller el uno de julio, cuando el peñanietismo abrió paso a la alternancia democrática. “Nuestros hijos, señalaba el izquierdista francés Michael Crozier, son nuestra fortaleza y nuestra debilidad”, realidad de la que ninguno de nosotros está exento.

 

HUEYAPAN INTERCULTURAL

 



Vladimir Rothschuh

 

Casas, ranchos, fiestas, fines de semana de alcohol y drogas, marcaban el sino de la relación del estado de Morelos con los ex ministros de la Suprema Corte. Hasta antier ocurrió un hito histórico cuando llegó el ministro indígena mixteco Hugo Aguilar Ortiz a Hueyapan, a inaugurar junto con  sus hermanos nahuas y Margarita González Saravia, la enésima Casa de Asesoría Jurídica Intercultural como las otras que ha abierto en Hidalgo, Sonora y Michoacán. Desde que Hernán Cortés pasó por el Popocatépetl y el valle del Amatzinac y le echó el ojo a la región próspera y volvió a Cuernavaca lugar de descanso, esa ruta “turística” se ha mantenido corruptiblemente igual; como igual fue la impartición de justicia desde la Conquista, virreinato, liberales, conservadores, revolucionarios y posrevolucionarios, de espalda a los pueblos originarios. No obstante, Morelos tiene un jurista “sabio” de los que compusieron el esplendor porfiriano y alcanzó mérito como ministro de la Corte y cuyo poder judicial lleva su nombre. Más tarde arribaría su nieto a gobernador, de igual estirpe militar, a degradar Morelos y convertirlo en un muladar de narcopolítica; hay quienes sostienen que entre don Teófilo y don Jorge no hay parentesco alguno y que el Olea nomás es coincidencia, como si en la política no las hubiera. Hueyapan tiene desde hace unas horas su Casa de Asesoría Jurídica Intercultural, tan prematura como su reconocimiento en el 2017 de Pueblo Originario y hoy amparado por la reforma de López Obrador de apenas hace dos años, en  que se retoman para todas las etnias del país, los derechos que el EZLN propuso exclusivamente a Los Altos de Chiapas; incidente de la ruptura entre AMLO y el Sub Marcos. El ministro Aguilar Ortiz ha creado estas casas de justicia para que las etnias no sigan padeciendo la injusticia de blancos que los han tratado como terceros a lo largo del Poder Judicial. Los aspectos que fundamentan esta territorialidad, los redundó el ministro presidente y están en: mayor apertura hacia los pueblos indígenas, cercanía de la justicia a las comunidades y facilidades en no desplazarse a las grandes ciudades; así como que las instituciones estatales encabezadas por Margarita González Saravia, ponderen las normatividades y organizaciones de los pueblos originarios, tampoco tan ciegamente como es la venta de niñas conforme a usos y costumbres originarias. El ministro Aguilar sienta las bases de la interculturalidad a velocidad apremiante de su mandato presidencial en la Corte, porque como Juárez, él entiende la temporalidad de esta coyuntura y lo que vendrá en los próximos años con la rotación del encargo; aún hay ministros, jueces y magistrados que imparten justicia mañosa y contra los pueblos originarios sobran, pues envían a las cárceles a indígenas por delitos de hambre y miseria, como es robarse un bolillo y sin saber español y al no gozar de intérpretes, se pudren tras las rejas; así Hueyapan heredero de Chimalman y el primer sabio de América, Quetzalcóatl (Prometeo), ha sido tristemente víctima de esos abusos de poder, como los nahuas de la región de Puebla, Guerrero y CDMX, ahora amparados con esta casa regional de justicia del nuevo Poder Judicial.