EL SHOW DE MADURO Y TRUMP

 

 

Vladimir Rothschuh

 

Se fue como llegó, como un impostor: Nicolás Maduro participó en la muerte de Hugo Chávez en La Habana con tal de ascender a Miraflores sofocando todo lo que fuera chavismo en Venezuela. Hoy repite su inmoralidad haciéndose la víctima; como pactó ayer con los cubanos, hoy pacta con los gringos. Nada de volarse la tapa de los sesos como Allende, huyó con su mujer y sus riquezas bajo el fuego artificial de Estados Unidos. Desde que auxilió a Corina Machado a escapar de Venezuela con la ayuda de México, la suerte estaba echada. Y con el beneplácito de los gobiernos de izquierda de China, Rusia, Brasil, México y Colombia, jamás habría conseguido Trump realizar su show de bachiller democrático. Todo lo que ocurre hoy en torno al asalto yankee en Caracas, acicalando la sorpresa de la intervención bajo el pasmo cómplice de las izquierdas y  los triunfalismos de las derechas, obviamente es la secuela de Trump tolerando la guerra de Rusia en Ucrania, salvando a los palestinos e iraníes de los judíos, haciéndose de la vista gorda en Taiwán y el Tíbet,  así ni quien pueda recriminarle al magnate, recuperar el petróleo venezolano, Miss Universo y todo lo que tenga que ver con Trump Entertainment Resort. De ese entretenimiento formamos parte  gracias al flanco débil de un impostor en Miraflores que como poco le importó el asesinato de Chávez bajo la manipulación prolongada de su muerte mientras los buenos herederos del estalinismo cubano hacían de las suyas buscando un sucesor que atendiera sus intereses en tierra firme, con igual soltura negoció lo más preciado de Venezuela: su vida, sus negocios, con una graciosa huida como el héroe extraído pulcramente de entre las bayonetas del cesarismo castrense.  Los militares venezolanos vuelven a ser el eje de la historia del espectacular Juan Vicente Gómez retratado por García Márquez en el Otoño del Patriarca, de las democracias de Carlos Andrés Pérez, de la sucia existencia del coronel Pérez Jiménez; aupando siempre con sus ramas de olivo, los mejores momentos de los bonapartistas criollos, émulos del burgués Bolívar extasiado con  el  código civil francés. Plasmando ahora el sueño bolivariano de  la enésima traición de Maduro y por fin con la Maga democracia populista de Mar-a-Lago, a la que están prestos a servirle como los nuevos soles del futuro rutilante de Miraflores.