MÉXICO/INGLATERRA: LA EDUCACIÓN TRANSFORMA

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Las expresiones más atractivas sobre el futbol las ofreció aquel argentino admirado principalmente por los europeos y acentuadamente por los ingleses debido a que era un gentleman de la literatura que conocía de pe a pa desde Milton hasta Chaucer, iluminando sus noches de ceguera los tigres de fuego de Blake. Para Borges el futbol y la educación iban de la mano, un chico de familia pobre su futuro estaba en patear hábilmente la pelota hasta escalar  clubes profesionales, había más futuro en el futbol que en la escuela. Una triste realidad contrastada con los ingleses a quienes el Estado británico obliga a una educación para que a los veinte años el chico cuente con una carrera o profesión, si es que no logró destacar en la cancha y fácilmente pueda ser absorbido por la demanda laboral. En México la FIFA tiene calificados a nueve mil futbolistas profesionales, es el número más alto de los países que forman parte de la Federación Internacional, mientras que en Inglaterra los futbolistas profesionales son solamente la mitad de los nuestros, cuatro mil. Los morelenses vivieron bajo la figura de un personaje futbolero profesional que no acabó su educación básica siendo asimilado por la partidocracia para ser alcalde y luego gobernador. El dilema de Cuauhtémoc Blanco se centuplica entre familias y jóvenes precaristas que no encuentran ningún futuro educativo, porque a diferencia del paradigma inglés de que si a los veinte años no se alcanzó  perfil en la cancha, para entonces deberá poseer una carrera profesional y un espacio laboral donde desempeñarse; el mercado informal mexicano está nutrido de profesionistas como la otra paradoja de los Ninis: habiendo cursado la universidad no tienen cabida laboral. Contar con  un título universitario en México no asegura ningún empleo y entre más nivel profesional se alcance las esperanzas laborales son menores. Para el Estado mexicano la emoción futbolera es más que una catarsis social, permite que miles de jóvenes sin empleo, ni educación vuelquen sus energías  en las canchas y con sueños de grandeza multimillonaria, antes que torcerse hacia el crimen organizado.  La FIFA tiene 400 jugadores profesionales mexicanos tipificados como millonarios por las sumas de sus contratos y hasta en los clubes básicos el dinero no falta porque hay apoyos, becas y viáticos de la Federación nacional. De estos diez mil millones de dólares que ganó la FIFA  con este Mundial, una bolsa se reparte entre todos los jugadores participantes. La cifra monumental se justifica en que México tuvo que poner dinero del gasto público para seguridad y embellecimiento de la CDMX como anfitriona. Morelos, Aguascalientes y Tlaxcala tienen un presupuesto anual semejante al que gastó el gobierno de la Ciudad de México pintando puentes, banquetas, desazolvando, arreglando aceras y el Estadio Azteca aunque éste no fuera propiedad pública pero justificaban estructuralmente a la Capital de la Transformación; para Margarita González Saravia,  Lorena Cuéllar y Tere Jiménez la danza multimillonaria de Brugada tiene otras perspectivas.  En este Mundial las derramas económicas fueron amplias; el gasto deportivo por cerveza superó los  23 mil millones de pesos; los hoteles de la CDMX, Guadalajara y Monterrey sumaron siete mil millones y la publicidad no se contabiliza a favor de los mexicanos sino de la FIFA y transnacionales como Adidas. Deporte del hambre o de la pobreza aseguran que no puede ser calificado rotundamente el futbol como ocurre con el boxeo, no obstante que se hayan visto ex profesionales vendiendo chicles, cigarros y dulces en el Estadio Azteca. En México hay un plus para los profesionales del futbol, pueden cometer delitos y abusos sin parar en la cárcel.