LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Si tan sólo fuera una decisión personal de Gilberto Bátiz y de Claudia Valle devolverle la vida al ya sin vida de México Tiene Vida, como al otro que hizo de los recursos públicos una jauja y para que pueda seguir en el jolgorio irresponsable gritando: ¡Que Siga la Democracia! El binarismo de nuestra partidocracia  simplifica en sus entenderes que es una mala institución el TEPJF si no cumple los caprichos de las élites partidistas  y que es una buena institución cuando les concede la razón a los demandantes. El TEPJF ha sido malo a fechas últimas porque las oposiciones consideran que falsificó la sobrerrepresentación en el legislativo y hasta abultando las cifras de la Presidencia de la República. Llamaron oficialistas a los magistrados y democráticos a la pareja que, afines a las oposiciones, secundaban a panistas y priístas. Hoy le buscan cargar la mano a los dos nuevos magistrados electos porque será su voluntarismo y no el positivismo jurídico, el que determine el futuro de dos agrupaciones políticas tramposas a las que el INE les encontró más oscuros que claroscuros, violentando las reglas con las que aceptaron jugar. Las tropelías financieras, religiosas, dinero extranjero, incumplimiento de asambleas, más un rosario menudo de  irregularidades no serán factores para las ponencias de Bátiz y Valle, sino el estrabismo personal de ambos magistrados para enmendar lo que los consejeros electorales encontraron para validar el final de ambas agrupaciones aspiracionistas. El viejo Partido de Estado requería legitimarse abriendo la bolsa de dinero, algunas migajas en alcaldías y diputaciones a la chiquillada electoral. Este TEPJF es la evolución de aquellos tiempos en que inicialmente justificaba el gatopardismo bajo la denominación de Tribunal de Lo Contencioso Electoral, de carácter puramente administrativo; con el fraude del 88 y la descomposición final del salinismo magnicida, aceptó el Partido de Estado avanzar como TRIFE, abonando los neoliberales la corrupción de las élites políticas bajo la percepción tecnocrática de que más dinero y más jugadores elevaban la calidad democrática. México no necesita más partidos debido a que el saltimbanquismo es el sello de nuestra posdemocracia: cambiar de partido político y de ideología es tan fácil como cambiarse la ropa interior. Alguien llamó a una de las nuevas agrupaciones que consiguieron el registro partidista “Somos los mismos”, porque lo conforman los mismos rostros del pasado y todo gracias a esa herencia priísta de legitimación electoral con cargo al bolsillo de todos los mexicanos. Tampoco se puede acusar a Somos México de impostura porque toda nueva agrupación política lo es, como los Verdes, Naranjas, Guindas, dándole sentido a la sobrevivencia de las mismas élites subsidiadas con el erario. Hace poco, el TEPJF respaldó la auto-organización de los partidos para que nadie intervenga desde afuera en su vida interna, lo cual sigue fomentando la corrupción de los Alitos, de los Dante, de los Bejaranos, de los Chuchos, de los Anayas. El proyecto de Sheinbaum para acabar con esa corrupción de la partidocracia era magnífico; esos mismos partidos, sumando a sus aliados, obviamente no estaban dispuestos a quedarse cojos y mancos, como decía Arturo Núñez, cual crema y nata de esa descomposición política de la que formó parte, como lo hace ahora Lorenzo Córdoba y varios saltimbanquis del INE. Igual que aquel viejo México bronco, las frases alentadoras de SomosMx, México Tiene Vida y Que Siga la Democracia a los magistrados Bátiz y Valle son de pórtense bien para que los queramos. Porque también la Marea Rosa está en veremos ante el TEPJF por el lopezportillista eslogan de que, si todos somos el problema, todos somos la solución.