MÉXICO Y VENEZUELA



 

Vladimir Rothschuh

 

La presidenta Sheinbaum trató delicadamente de despejar el acuerdo entre el chavismo histórico de los hermanos Rodríguez con el presidente Trump, visitando la refinería de Tula y exaltando su modernización tecnológica. Serían por las vacaciones de año nuevo, serían por los espasmos de los halcones morenos, pero el asunto fue que esa magistral coyuntura  organizada por la Presidenta de México en la refinería de Tula,   alcanzó  el flamazo mediático que significaba equilibrar la política intervencionista de Washington, con una gira petrolera de defensa de la soberanía y de autosuficiencia energética. La presidenta Sheinbaum descartó los escenarios del conservadurismo nuestro que  intentaban crear semejanzas entre Mexico y Venezuela; conservadurismo cínicamente ignorante de la legitimidad democrática del Segundo Piso de la Transformación, con la mayor votación histórica en Sheinbaum, frente a  la atrocidad madurista que formó parte del asesinato de Hugo Chávez,  con tal de autodesignarse con una misiva de último momento del mutilado Comandante, que como no podía hablar, ni caminar, menos firmar o redactar la sucesión en su lecho de muerte cubano. Así como una vez serenó Sheinbaum a Trump cuando apuntaba a adueñarse del Golfo de México, de igual forma acotó en Tula a nuestros tradicionales conservadores que siempre han buscado auxilio en fuerzas extranjeras y que a la luz del fracaso de Corina Machado, sin fuerza, sin poder, sin presencia y sin capacidad para resolver la emergencia heredada por Maduro, obliga a revalorar la sentencia de López Obrador cuando llamó a las oposiciones mexicanas moralmente derrotadas, que también suma a las oposiciones de cartón venezolanas. La presidenta Sheinbaum tiene más autoridad política y legitimidad democrática que el mismo Trump, ya no se diga del camionero golpista colombiano Nicolás Maduro, que vivió artificialmente demasiados lustros en la impostura como fatuo heredero del chavismo, ya matando, ya robando, ya mintiendo. Principios básicos de la fortaleza de Sheinbaum y que constantemente vive exigiendo a su Movimiento cuando la corrupción asoma en algunos cuadros descarriados. En la refinería de Tula, la presidenta Sheinbaum sosegó el pánico de la clase política mexicana de izquierda y de derecha, pues ha sido ella, solamente ella, como una madre en labor de parto, la que ha podido sostener y conducir los acuerdos con Trump desde la pulcritud de su honestidad. Su cabeza fría, su corazón de cuarzo, atajaron la madrugada del sábado los derrapes que echaban por la borda el trabajo meticuloso que ha llevado a México a ser la primera economía mundial beneficiada de la guerra arancelaria de Trump.