FUTBOL Y POLÍTICA

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Morelos es el ejemplo nacional de la mala combinación de futbol y política. Los morelenses votaron a un jugador destacado en la cancha que no acabó la primaria y supo aliarse con aquello que su formación profesional e intelectual le dictaba. La actual anomia que vive Morelos fue radicalizada en el sexenio pasado al grado que la gobernadora Margarita González Saravia llama constantemente a las madres de familia “a que inculquen valores sólidos a sus hijos y fomenten una cultura de paz desde el entorno doméstico, como la vía principal para rescatar y proteger a las niñas, niños y adolescentes morelenses”.  El costo que paga la entidad es elevado y es el azogue de la simbiosis entre gobernados y mandatarios: la autoridad es el prototipo que inspira a seguir con sus buenos o malos ejemplos. El futbol nada tiene que ver con el ejercicio del poder político, pero sus claroscuros de corrupción coincidieron con la posdemocracia mexicana en que la pepena política, los saltimbanquis, el nepotismo y demás aún están vigentes cuando la partidocracia recurre a agentes de la farándula para timar el electorado. Tristemente, en la actual reforma política ni siquiera se mencionó ese mal que corroe el establishment. El llamado de la gobernadora González Saravia se apega a la representación de lo que pueden llegar a ser los morelenses, pero mucho más las mujeres como sínodo de las buenas prácticas familiares y sociales. Desde que el foxismo eliminó de la currícula de la SEP las materias de ética, estética y civismo por innecesarias conforme la percepción conservadora, se abrió un abismo enorme en la formación de aquellos niños que hoy vuelcan socialmente los trastornos de la mala educación por todo el país.  México entra en una nueva parafernalia mundialista que ojalá no sea premonitoria de lo que fueron las crisis  de Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid. La nueva época del segundo Milagro Mexicano ocurrió bajo La Economía Moral y El Humanismo,  por alguna razón, ese esplendor coincidió con un mandatario disímbolo cuya afición no era el futbol y se divertía con las sentencias de Jorge Luis Borges sobre los hinchas argentinos. Margarita González Saravia invoca constantemente el entorno de ambientes sanos, armónicos y afectivos dentro del núcleo familiar para el crecimiento positivo y seguro de los nuevos morelenses. Como la primera mujer en el ejecutivo estatal, su figura la trasciende y la convierte en una epifanía posible: los morelenses son el espejo de sus autoridades.