Vladimir
Rothschuh
En
Coahuila no ganó el PRI, ganaron los “ultras guindas” afanados en descarrilar
la carrera política del obradorismo. Escenario repetido para el expresidente
López Obrador que, a lo largo de su carrera y especialmente como jefe de
Estado, debió atender infinidad de casos a los que achicó conforme a su
habilidad política y estatura moral. La escandalera de Alito “Moreno” es tan
ficcional como las acusaciones de Ariadna Montiel a los priístas de haber
cometido fraude: unos le agarraron las patas a la vaca y los otros se hartaron
con el festín politiquero. Cuanta más espuma tire ese lodazal, mucho mejor
a los fines pretendidos de cortar la carrera del heredero directo del
obradorismo. El expresidente les dejó a sus sucesores un
manual personalizado en sus acciones de gobierno, sobresaliendo su estupenda
relación con las oposiciones con las que trabajó codo con codo y las supo
asimilar en su administración. Este manual operativo deja claro que las
elecciones se ganan antes de ir a las urnas y no después. En versión corta, se
llama legitimidad plebiscitaria. Hoy el manual se hace a un lado y el
expresidente López Obrador vislumbra que la ingenuidad se viste de seda,
alcanzando a mirar detrás del encaje, la rutina empleada contra sus cercanos
conforme el breviario de Gutiérrez Barrios y no del suyo. El expresidente ha
ido cediendo en la trama sin romper la tela. En ese fluir, Andrés Manuel
López-Obrador Beltrán es redimensionado a otra incubadora futurista, más lenta,
más resguardada, como solamente supo hacer el Presidente, formando y llevando
de la mano su proyecto y programa sucesorio como jamás en el siglo pasado se
consiguió plebiscitariamente. La carrera política de Andy será en el terruño;
alcanzará una representación popular bajo la responsabilidad obligada y sin
tapujos de Pío y de May, porque luego será gobernador de Tabasco y al final de
ese mandato, buscará por fuero propio y praxis sobrada la máxima magistratura
nacional. Ya para entonces los ultras guindas habrán agotado su fuego fatuo. Y
si cuida su salud, el expresidente López Obrador podrá ver de nuevo colmado el
proyecto progresista de México. Solicitará a quien esté a su lado: “Pellízcame
para ver si no estoy soñando”, como le expresó a Beatriz Gutiérrez Müller el
uno de julio, cuando el peñanietismo abrió paso a la alternancia democrática.
“Nuestros hijos, señalaba el izquierdista francés Michael Crozier, son nuestra
fortaleza y nuestra debilidad”, realidad de la que ninguno de nosotros está
exento.