FUE EL ESTADO

 


  

Vladimir Rothschuh

 

Las demandas de los pueblos originarios, ignorados por siglos, representan la otra historia de México. Larga y amplia lucha apenas plasmada en los años noventa del siglo XX y lentamente añadida a la Constitución con el cierre dorado de la reforma del 2022. Esos cuatro pilares se definen por su identidad colectiva, relación espiritual, económica y cultural con el territorio; participación efectiva en decisiones en sus tierras y la contención de los poderes públicos y privados en su descarada depredación. Consolidar esos frutos de los pueblos nativos hoy se le conoce como justicia pluri e intercultural, estimulada semana a semana por el ministro presidente de la Corte, Hugo Aguilar Ortiz. De la vieja SCJN, lo que hay en torno a las sentencias sobre las etnias se cuenta con los dedos de las manos: los tristes y dilatados reclamos de los pueblos oaxaqueños sobre sus usos y costumbres; ni qué decir de Cherán, Tecoltemi, Ahome y Topolobampo. Expresión sumaria de los pobres resultados racistas que jamás aceptaron los antiguos ministros. Ninguna tragedia entre los pueblos originarios ocurrió, ni dejará de ocurrir, sin la intervención del Estado y su tecnocracia. El envés renovador se llama interculturalidad de la nueva SCJN, representada en los casos de Huimilpan sobre consulta previa en proyectos con impacto ambiental; La Candelaria, para la libre determinación y autogobierno; Tetelcingo, acerca del reconocimiento de las comunidades originarias; la Ley Ambiental CDMX, invalidada por no consultar en obra pública, y el caso de los rarámuris con sus normatividades propias. Aquel viejo Estado depredador autoritario en sus decisiones a espaldas de los pueblos, aún persiste en sus vicios con el Plan Estratégico Pemex 2025–2035 que busca gas y petróleo en la Cuenca Tampico-Misantla. Marginando  Pemex  a las etnias de Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla y Tamaulipas, ha sido exacto sobre lo que ocurrirá con el fracking para la extracción de energéticos contaminantes. La reforma de López Obrador a favor de las etnias pasó  inadvertida por la vía constitucional, como de hecho ha sido menospreciado el Plan Hídrico de Sheinbaum respecto a la fractura de rocas para la obtención del gas shale. La actual efervescencia territorial que vive la SCJN sobre sus Casas de Saberes Jurídicos, los Diálogos por la Justicia Abierta, Jornadas Itinerantes de Justicia Intercultural, Diplomado en Justicia Pluricultural, Laboratorio de Imaginación Jurídica Subalterna, Incorporación de saberes comunitarios al Semanario Judicial, Traducción intercultural y acceso lingüístico, conforma el decálogo de la pluriculturalidad y que facilita a los pueblos originarios de la Cuenca Tampico-Misantla, Tének y Náhuatl, la obtención de justicia ante el máximo tribunal. El Plan Estratégico de Pemex fue diseñado sin consultar a las etnias, simplemente se brincó a las instituciones indígenas representativas y las ignoró con la información completa sobre los daños ambientales, culturales y espirituales. Ni para dónde hacerse los ministros y ministras de la SCJN, como tampoco Pemex, Semarnat y Sener ante lo explícito de los dictados constitucionales de López Obrador en el 2022. Preceptos jurídicos sobre el tema del fracking donde fue ambiguo el entonces mandatario, porque lo condenaba en sus discursos, pero no emitió ninguna ley en contra. Y que se vuelve una oportunidad histórica para que el Pleno que encabeza el ministro Aguilar Ortiz, acote constitucionalmente un presunto vacío legal sobre la extracción petrolera del fracking, pero que está implícita en la reforma constitucional del 22. Esta transformación legal otorga a ministros y ministras un bien equipado aparato de justicia intercultural cuyos instrumentos corregirán los excesos cometidos por el arcaísmo postindustrial que apuesta por los restos fósiles.