LEGADO AGROECOLÓGICO

 



 

Por Vladimir Rothschuh

 

El patriarcado agrario atrapó al campo mexicano en una contradicción: o se explotaba la tierra hasta agotar sus nutrientes o se la declaraba intocable en nombre de la conservación, dejando al campesino sumido en la pobreza. Romper con esa falsa disyuntiva es la premisa con la que Claudia Sheinbaum y Columba López buscan imprimir su propio sello femenino en Sembrando Vida, una iniciativa «única en el mundo» porque entrelaza la dignidad económica con la sanación de la tierra. Las visiones pasadas  del Estado machista eran jarabes de pico, muchos discursos y es aquí donde entra la gestión de Columba López Gutiérrez al frente de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural con la encomienda de convertir una promesa gubernamental en una transformación duradera para cerca de 450 mil familias campesinas. Porque el objetivo de Sembrando Vida supera  la simple métrica forestal con  árboles frutales, maderables  para devolverle al campo la capacidad de retener a su gente. En México donde la migración y el abandono rural han sido por años la única salida a la miseria, la apuesta del Segundo Piso de la Transformación busca que la parcela vuelva a ser un hogar seguro y productivo. Para lograrlo, Sembrando Vida ha desmantelado el esquema del subsidio individualista. En su lugar, el corazón de la estrategia late en las Comunidades de Aprendizaje Campesino. En estos núcleos de trabajo, las arrugas de la experiencia de los viejos agricultores se cruzan con el conocimiento de jóvenes técnicos. Entre surcos, los sembradores no solo intercambian saberes ancestrales y nuevas metodologías: aprenden a ahorrar juntos, a planificar sus cosechas y a defender colectivamente el valor de su trabajo. Otro de los giros más radicales que lidera Columba López es la desintoxicación del suelo: no más glifosato. A través de miles de biofábricas comunitarias, las propias manos que antes dependían de insumos químicos caros y nocivos, hoy elaboran fertilizantes orgánicos, abonos y caldos minerales. El resultado es un círculo virtuoso: se reducen drásticamente los costos de producción, se protege la salud de quienes trabajan la tierra y se restaura la vitalidad del suelo.  El proyecto agroecológico de Claudia Sheinbaum y la operatividad técnica de Columba López, encarnan una de las transiciones más ambiciosas en la historia reciente del desarrollo rural en América Latina y del mundo.