El patriarcado agrario
atrapó al campo mexicano en una contradicción: o se explotaba la tierra hasta
agotar sus nutrientes o se la declaraba intocable en nombre de la conservación,
dejando al campesino sumido en la pobreza. Romper con esa falsa disyuntiva es
la premisa con la que Claudia Sheinbaum y Columba López buscan imprimir su
propio sello femenino en Sembrando Vida, una iniciativa «única en el
mundo» porque entrelaza la dignidad económica con la sanación de la tierra. Las
visiones pasadas del Estado machista eran
jarabes de pico, muchos discursos y es aquí donde entra la gestión de Columba
López Gutiérrez al frente de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural
con la encomienda de convertir una promesa gubernamental en una transformación
duradera para cerca de 450 mil familias campesinas. Porque el objetivo de Sembrando
Vida supera la simple métrica
forestal con árboles frutales,
maderables para devolverle al campo la
capacidad de retener a su gente. En México donde la migración y el abandono
rural han sido por años la única salida a la miseria, la apuesta del Segundo
Piso de la Transformación busca que la parcela vuelva a ser un hogar seguro y
productivo. Para lograrlo, Sembrando Vida
ha desmantelado el esquema del subsidio individualista. En su lugar, el corazón
de la estrategia late en las Comunidades de Aprendizaje Campesino. En estos
núcleos de trabajo, las arrugas de la experiencia de los viejos agricultores se
cruzan con el conocimiento de jóvenes técnicos. Entre surcos, los sembradores
no solo intercambian saberes ancestrales y nuevas metodologías: aprenden a
ahorrar juntos, a planificar sus cosechas y a defender colectivamente el valor
de su trabajo. Otro de los giros más radicales que lidera Columba López es la
desintoxicación del suelo: no más glifosato. A través de miles de biofábricas
comunitarias, las propias manos que antes dependían de insumos químicos caros y
nocivos, hoy elaboran fertilizantes orgánicos, abonos y caldos minerales. El
resultado es un círculo virtuoso: se reducen drásticamente los costos de
producción, se protege la salud de quienes trabajan la tierra y se restaura la
vitalidad del suelo. El proyecto
agroecológico de Claudia Sheinbaum y la operatividad técnica de Columba López,
encarnan una de las transiciones más ambiciosas en la historia reciente del
desarrollo rural en América Latina y del mundo.
