TIRO DE GRACIA

 



 

TIRO DE GRACIA

 

Vladimir Rothschuh

 

Chucho y Grucho Marx en las fechas del fascismo y el estalinismo, solían soltar un chiste: “Si no te gustan nuestros principios, también tenemos otros”. Lapidariamente chocó contra esa sorna el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar, cuando se va encontrando en el camino de la discusión de una reforma  sobre  quién sabe qué, con delincuentes y matones políticos cuyas trampas, asaltos y violaciones, reinstauran el cochinero de la Ciudadela que, como él dijo, en menos de 14 meses mandaron al osario los monrealistas, lo que había propuesto la presidenta Sheinbaum a los mexicanos como el sello de su mandato: no reelección y la restitución del legado Maderista. La reelección volvió a ser reinstalada entre quienes deben velar por la democracia mexicana. Con un ápice de moral, los destinatarios de esa reforma porfirista no deben aceptarla porque se consuma la abyección que cuestionaba a los magistrados electorales que legitimaron la sobrerrepresentación interpretando la ley a modo del naciente Partido de Estado. Quien también se opuso al galimatías de la contrarreforma judicial y electoral fue la exministra y diputada Sánchez Cordero, pues se requería un ápice de cultura jurídica para entender que todas las maniobras monrealistas de la causal de nulidad, hasta el tiro de gracia al reeleccionismo, conformaban un golpe sucio a la regeneración moral de México. Ramírez Cuéllar, el operador de la presidenta Sheinbaum que trabajó durante meses la reforma de la reforma judicial, finalmente es rebasado por esa vulgaridad que el patriarca de la Cuarta Transformación, López Obrador, cuestionó por décadas. Las sentencias del diputado  Ramírez Cuéllar, están para inscribirse con lumbre en la conciencia de su partido bastante marxista conforme a las tesis de Grucho y Chucho, no así en las de don Carlos. Nada de lo que se aprobó contra los artículos 54 y 55 constitucionales tenía el aval de la Presidenta, pues iba en contrasentido de la corrupción que combate y en la que nunca militó la familia Sheinbaum Pardo, como vergonzantes priístas de la cual forma parte la inmensa mayoría de tránsfugas tricolores que hoy se disfrazan de progresistas morenos, pero que en realidad están ligados a la perversión ética, financiera, criminal y política que depredó a México de infinitas formas. La negativa del diputado Ramírez Cuéllar como la de Sánchez Cordero a aceptar aquello contra lo que han luchado, los inscribe en la línea obradorista de la que ojalá el Segundo Piso no se distancie, porque de esa corrupción tricolor no abreva, no proviene, ni trae el cordón umbilical anudado la Presidenta de México. Alegrémonos de que al menos haya un diputado y una diputada en las filas morenistas capaces de contradecir y denunciar la gangrena que putrefacta a su partido. También aguardemos que los valores democráticos de la presidenta Sheinbaum veten este procaz huertismo.