PRIMER INFORME: TENEMOS PRESIDENTA

 



Vladimir Rothschuh

 

Los símbolos de humildad, probidad o más simple, la honrada medianía juarista de la presidenta Sheinbaum a un año aún deben remontar lo disímil en las filas guindas o de uno que otro miembro del Gabinete, que aturdidos por el poder, se inmolan en los oropeles de la vacuidad pequeñoburguesa.  El penoso incidente entre Alito y Noroña, refrescó   la urgencia de acabar con los plurinominales, iniciativa comprometida desde campaña por la Presidenta, bateada más de una vez por su partido y  su mayoría legislativa, pero hoy vigorizada con la relanzada reforma electoral que define sus años de protesta universitaria contra los excesos del entonces Partido de Estado. Los plurinominales repiten una acepción ingrata en el abecedario del priísmo, dicen representar a los mejores mexicanos que sin haber ganado en las urnas, por listado partidista llegaron a una curul a enriquecer la diversidad de nuestra cultura arcaica y esclerotizada. La satanización del porrismo de Alito como de Noroña, arribó en una debilitada coyuntura como resultó ser que la bancada morenista, en sentido contrario del diseño democrático de la presidenta Sheinbaum, escogiera como reemplazo del plurinominal Noroña a otra plurinominal. La decisión de la mayoría senatorial morenista replicaba las respuestas acerca la consanguinidad nepótica en San Lázaro que envió al freezer la iniciativa de Sheinbaum sobre la austeridad republicana cuyos ejes básicos radican en no mentir, no robar, no traicionar. Por reiterada ocasión ahora desde la Cámara Alta, el morenismo hace el harakiri vudú, no en sus propios cuerpos nepóticos, reelectos, derrochadores, sino en el de la Presidenta, obviamente  intentando desafiar la solidez de la quinta transformación poniendo a crujir la vertebración del Segundo Piso que acabará con los vicios de nuestra partidocracia y un establishment en avanzada descomposición ética. La fortaleza que representa a nivel global Sheinbaum frente a Trump se la da su legitimidad popular para llevar adelante también la depuración de la politiquería del conservadurismo interno. La votación de jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial encarnó lo mejor del programa transformador nacional: nadie por dedazo merecía ocupar un espacio en encargos públicos y que ahora apunta al Consejo General del INE y el ajuste senatorial a 32 miembros como 300 en San Lázaro. Los opositores, aliados o guindas, a las reformas presidenciales, son la parentela heredando cargos públicos, son quienes llevan décadas de saltimbanquis legislativos o partidistas, son quienes jamás han ido a un distrito a hacer campaña, son la arena en el engranaje del Segundo Piso. La continuidad de un plurinominal por otra plurinominal para coordinar la mesa senatorial, coincide con quienes afilan su machismo de hombre o de hembra haciéndose pasar soberanos secuestradores de las nuevas reglas transformadoras del Segundo Piso: “el nepotismo va, los pluris van, el despilfarro y la disipación, no pueden irse”. Sin embargo la Presidenta a horas de su Primer Informe insiste, no sólo en el programa político sino con sus actos juaristas, que ese pasado no volverá.