Vladimir Rothschuh
Cuando muchos pensaban
que la creatividad de Columba López al frente de la Secretaría de Agricultura
había tocado techo, la funcionaria rompe su propia marca personal con su
participación en el Bono Agropecuario por más de mil 600 millones de pesos en la Bolsa de
valores. Columba López ha sacudido el
panorama económico nacional logrando superar un dominio histórico marcadamente
masculino: desde 1876, cuando Vicente Riva Palacio tomó las riendas de la
entonces Secretaría de Fomento, han transcurrido casi 150 años y todos fueron
hombres guiando las políticas públicas del campo, lo presenciamos inclusive en
la postal del bono emitido. De la esfera doméstica de las creatividades e
invención relevantes gubernamentales en el agro durante de los recientes meses,
esta acción bursátil invade con fuerza en el ruedo internacional, posicionando
a la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum en el vértice global de
las finanzas rurales. Se trata del primer y único bono agropecuario de su tipo
en el mundo. Aunque en el horizonte internacional se solía contemplar el modelo
de China como referencia de bonos en el sector rural, hoy la diferencia salta a
la vista: los mecanismos del gigante asiático resultan ser de carácter
coactivo, al obligar el Estado comunista a los empresarios a coinvertir. El
modelo mexicano, en cambio, irrumpe como un instrumento financiero innovador, gubernamental,
internacional y pionero en el mercado de valores. Ante este hito, la
interrogante aflora de manera inevitable: ¿por qué 40 exsecretarios de
Agricultura carecieron de la imaginación y la audacia para acompañar con orgullo la conquista de los mercados financieros globales? Desde el
primer titular de la Secretaría de Fomento en el siglo XIX, hasta el último hombre
del siglo XXI que ocupó la Sagarpa, pasando muy de cerca por el periodo
neoliberal desde Miguel de la Madrid
hasta Enrique Peña Nieto, ningún titular tuvo la visión ni la osadía para
apoyar y acompañar un bono de biodiversidad y desarrollo con tal de nutrir financieramente
al sector rural que alimenta a los mexicanos. Con el Segundo Piso de la
Transformación, el campo mexicano presencia cómo la audacia financiera y la
innovación pública se combinan para abrir un hito histórico en la
capitalización del sector agropecuario. La emisión de este bono bursátil por
más de mil 600 millones de pesos trasciende la mera gestión presupuestal para
convertirse en un viraje estructural: rompe con las abulias y perezas
masculinas, lo mismo que la inacción neoliberal, supera las fórmulas coercitivas
del modelo chino y coloca a la administración de Claudia Sheinbaum en la
vanguardia financiera internacional. Al lograr lo que 40 exsecretarios ni
siquiera imaginaron, Columba López demuestra que la verdadera transformación
del campo mexicano no dependía solo de recursos sino de perspectiva de género para
tener la intrepidez de acuerpar la tierra y su gente en el mercado de valores
sin perder el sentido social y público.






