ISABEL LA CATÓLICA, DESTERRADA DE MÉXICO





Vladimir Rothschuh

 

En las inmediaciones del equipo de Clara Brugada cobra fuerza una ocurrencia coyuntural al abrigo del  rebautizado 12 de octubre como el Día de la Resistencia Indígena o de los Pueblos Originarios: se pretende expulsar del Centro Histórico de la Ciudad de México el nombre de la mujer que transformó Europa y cambió la percepción del mundo achicado a Asia, África y, como decía Toni Negri, de la península de Oriente Medio, llamada Europa. Isabel la Católica es un figurón en los anales del mundo; intentar echarla del Centro Histórico solamente cabe en una formación ínfima para darle ese nombre a una de las heroínas de barro en oblicuidad a lo sucedido con el almirante Cristóbal Colón en Paseo de la Reforma; conmueve el desafecto ante los recientes Premios Princesa de Asturias que bien recibe el gobierno de la presidenta Sheinbaum de las manos de la Corona Española. Isabel la Católica fue y sigue siendo un mujerón por sus virtudes, dones, valores, invenciones, creaciones que identificaron su “honrada medianía” de una vida austera dedicada a servir a Dios y a los hombres y mujeres de su tiempo. Las locuras llegaron después a Castilla con su nieto borgoñés, cuya corte flamenca se robó y despilfarró todo el oro de México, no así su otra nieta María Tudor, un sólido y verdadero reflejo suyo. Con la praxis aprendida en el orden reglamentario que retiró del estadio Azteca los rojos usureros de Banorte y la señalética global que devolvió los amarillos a la vía pública sobre los morados chilangos; igual sentido habrá de recobrar  nuestra Jefa de Gobierno entre aquellos cuya ignorancia fomenta estulticias, cobrándole a la magnánima Isabel los extravíos humanos de las ambiciones que acompañaron a la ruta comercial a las Antípodas. Unas cuantas perlas del inmenso Rosario Castellano valen sumarse frente a los tlacuaches que se ahogaron en la laguna mexica intentando comerse el queso de la luna: doña Luna Isabel modernizó la Universidad de Salamanca; es creadora del primer hospital de sangre del mundo; formó el primer cuerpo policial que se tiene noticia; vestía y vivía franciscanamente mientras otros acumulaban riquezas y honores, ella hizo de la Corona un servicio y de la piedad una forma de gobierno; echó a los moros de Granada y recuperó 800 años de ocupación musulmana; creó la unidad de España poniendo orden a los principados y que el machista de Maquiavelo ignoró cediéndole ese mérito a Fernando; inspiró la reforma cuando contravino al papado por sus lujurias y perversiones; financió con sus joyas porque Fernando se había gastado todo, la expedición del almirante Colón; fomentó el arte y la cultura (Princesa de Asturias); concedió la gracia a los judíos para vivir como buenos católicos en la península; ordenó bienaventuranza cristiana a favor de los indios; y nos conmueve hasta la fecha la humildad con que celebró el descubrimiento de las Indias Orientales invitando al almirante Colón a quedarse a almorzar porque para tal celebración había ordenado cocinar una gallina. Frente al reduccionismo histórico que busca juzgar el pasado con pasiones contemporáneas, la figura de Isabel la Católica permanece. Salvar su nombre en la traza urbana no es una concesión al colonialismo, sino un acto de madurez cultural y respeto por la memoria de un proceso universal 

CLAUDIA O LA COATLICUE

 



 

 Por Vladimir Rothschuh

 

Los gritos del pueblo agolpado en el Zócalo de la Ciudad de México coreando “¡Presidenta, Presidenta, no estás sola!” calaron hondo en las postales familiares de Claudia Sheinbaum, emparentada en lo familiar con la atmósfera del autor de El otoño del patriarca. La mujer más poderosa de América Latina brillaba en la plaza pública como una Coatlicue contemporánea, ataviada no con ornamentos estériles, sino con las cabezas recién cortadas al vulgar patriarcado que ya se hacía dueño absoluto de gubernaturas, alcaldías y diputaciones. Aquel viejo orden, acostumbrado a repartirse el país como botín de rancho, alcoba y despacho, contemplaba atónito el surgimiento de una figura que disolvía sus certezas de siglos. A dos años de distancia, Sheinbaum avanza paso a paso, dejando cabos sueltos solo en apariencia, pues en realidad ejerce una paciente afición tejedora con la que elabora la urdimbre exacta de su propio claudismo. La corrupción heredada con la que se amalgamó un movimiento nacional, degenerativo en sus tribus locales antes que regenerador en sus hechos, topó de frente con las virtudes de la primera mujer en la historia nacional que alcanza la Presidencia de la Republica. Los primeros pasos de Sheinbaum soportaban el peso inmenso de una investidura sacrosanta y convulsa. Parecía por momentos un andar tambaleante, pero se mantuvo erecta; con la firmeza de quien ha sido recién horneada en el génesis mexicano, su temple se fue endureciendo progresivamente como un pedernal de fuego. Esa metamorfosis obligó al machismo telúrico del sistema a mirarse directamente en el espejo negro y humeante de Tezcatlipoca, descubriendo allí la decrepitud de sus viejas formas de mando. La construcción política de Sheinbaum no es un hecho aislado ni puramente cupular: es la edificación reflexiva de cada mexicana desde la trinchera familiar, la calle hostil y el centro de trabajo bravucón. Obviamente se trata de una labor progresiva en la que Sheinbaum ha lucido su mano firme, desbrozando su propio camino y el del país entero de la corrupción que imantó a la variopinta degradación de presuntos transformistas que, al ya no tener cabida en la desmedrada partidocracia tradicional, buscaron un futuro impune en las filas guindas. Hoy, la soberbia de ese patriarcado acorralado ya no evoca únicamente la novela del colombiano, sino el brevísimo y demoledor paraje del guatemalteco Augusto Monterroso: al despertar, el dinosaurio del machismo institucional todavía estaba allí, abriendo sus párpados de siglos únicamente para dejar rodar lágrimas terrosas ante la desgracia diluviana que ha terminado por arrasar con su progenie putrefacta. México contempla en Sheinbaum el paso firme de una Presidenta que reescribe la historia sobre las cenizas del viejo régimen, irredento aún en los rescoldos del cinismo.

EL PACTO AGRÍCOLA

 



 

Por Vladimir Rothschuh

 

La reciente visita de la Presidenta de México a Sinaloa marcó un eje renovado en la relación del Gobierno Federal y el corazón agrícola del país. En su gira de rendición de cuentas  Sheinbaum reafirmó que el desarrollo del sector agrícola es una prioridad estratégica para la soberanía alimentaria nacional. Escuchando de viva voz las inquietudes de los productores sinaloenses sobre la comercialización y el financiamiento de sus productos, la Presidenta respondió con el activo más valioso de sus políticas públicas: presencia territorial inmediata, diálogo directo y resoluciones operativas de fondo.  La materialización de esta encomienda quedó a cargo de Columba López, consiguiendo conforme a su estilo  un sustancial despliegue de varios días de resultados en territorio sinaloense. La misión rebasó la simple labor administrativa de ventanilla que durante años caracterizó al sector: hoy se construye la verdadera transformación estructural  desde el surco. Los frutos alcanzados en este encuentro de Sader con los productores estatales, abrieron una etapa de certeza debido a que se agilizó la dispersión de los incentivos por tonelada mediante la revisión transparente de padrones, se eliminaron las trabas burocráticas con un esquema de atención "uno a uno" y se instalaron mesas de trabajo con la banca de desarrollo para garantizar crédito accesible y oportuno de cara al ciclo otoño-invierno y a las vedas acuícolas. Columba López imprimió su sello bajo la instrucción presidencial inequívoca,  superar los esquemas del pasado que en ocho años dieron otros resultados. Las fórmulas técnicas que funcionaban en el papel, tropezaban en la dinámica diaria de los Módulos de Riego; las gestiones locales que solían verse rebasadas por la magnitud de la agenda agrícola, han dado paso a una coordinación federal decidida desde la nueva Sader. Al enfocar los esfuerzos en la reducción de costos de insumos, la eficiencia hídrica ante los desafíos climáticos y la protección de los precios para el productor, la estrategia de la presidenta Sheinbaum manifiesta que su política agrícola ya no se limita a contemplar los indicadores macroeconómicos o a gestionar la inercia legada cuando hoy las políticas agrarias se ejercen en las siembras y mano a mano con la gente. Columba López fue enfática cuando les dijo a los productores sinaloenses de tierra y mar que la transformación rural ya no se garabatea desde la distancia de un escritorio ni bajo la complacencia pretérita: la alianza es directa con quienes alimentan al país. El acuerdo trazado por la nueva Sader con los productores pesqueros, ganaderos y agrícolas de Sinaloa, define un trayecto de trabajo con metas claras a 30 días y un Plan Multianual a cuatro años como un nuevo pacto del Estado por un agro comercial y sustentable. La determinación de la presidenta Sheinbaum, ejecutada con capacidad técnica y sensibilidad social en el campo, sentencia que cuando se asume el liderazgo con una visión integral, hay estabilidad y paz. 

 

BRUGADA: LOS 43 Y EL EJÉRCITO

 




Vladimir Rothschuh

 

 

Clara Brugada no encontró una pizca de cultura en las Fuerzas Armadas para permitirle compartir el espacio cultural más vasto del mundo, que es el Bosque de Chapultepec, Naturaleza y Cultura; esto es, que se reinstalara la milicia con un museo que no presentaría un inédito Siqueiros o un José María Velasco recién descubierto, una macana colhua o una rodela maya. La negativa de la Jefa de Gobierno restablece la larga tradición de la izquierda mexicana hacia el Ejército como responsable de la represión social, desapariciones, torturas y que tiene ante la SCJN abiertos reclamos de justicia por la Guerra Sucia y mantiene en las calles las protestas de los 43. La Primera Sala de la Suprema Corte ha sostenido, además, que es jurídicamente posible investigar y sancionar como delitos de lesa humanidad hechos de la llamada Guerra Sucia. Chapultepec, Naturaleza y Cultura es un espacio cultural de más de 800 hectáreas, concebido como uno de los grandes proyectos culturales y ambientales del país, logrado durante la gestión de Alejandra Frausto como titular de Cultura federal y hoy acompañante en el gabinete de la CDMX desde la Secretaría de Turismo. El proyecto incorporó, además, terrenos que anteriormente pertenecían a la Secretaría de la Defensa Nacional. La larga lucha republicana de México ha girado en torno de asonadas militares, golpes y luchas por la civilidad. La última expresión del restablecimiento del mando civil fue cuando el general Lázaro Cárdenas, después de romper con el maximato callista, optó en 1940 por un sucesor moderado: el general Manuel Ávila Camacho. Pero el dato decisivo vendría después: Ávila Camacho, también militar, condujo el tránsito hacia un régimen en el que la Presidencia dejó de recaer en un hombre de carrera castrense y entregó la sucesión a Miguel Alemán, primer presidente civil de la etapa posrevolucionaria. Después de la matanza estudiantil del 68, el progresismo mexicano se corrió hacia la izquierda demandando pluralidad al Partido de Estado bajo la narrativa garantista que el país exigía conforme los logros democráticos de otras naciones. El discurso de la izquierda se mantuvo desde entonces hasta 2019, cuando ocurre el concubinato de la izquierda con el Ejército en una transformación penosa que abrió las puertas a un modelo distante de las democracias occidentales. Bajo el miedo de terminar López Obrador como otro Madero, acabó desnaturalizando lo que era su discurso contra la milicia, teniendo en Iguala su elevada narrativa que le abrió camino a Palacio Nacional. Restituir esos principios de la izquierda mexicana, sin importaciones postizas del chavismo o el castrismo y su cesarismo estalinista, es la hoja de ruta retomada por Clara Brugada cuando le señala al Ejército que Chapultepec es área de valor ambiental y no permite edificaciones que contradigan el trazo original del esplendoroso proyecto que da realce a México ante el mundo. Esa restitución de la tradición progresista mexicana, consolidada a partir del 68, el Halconazo, la Guerra Sucia y los 43, permite que se utilice el artículo femenino porque condensa el horizonte recuperado de la izquierda que fecunda a otros sectores honestos de la milicia; el pueblo-ejército mantiene firme sus roles históricos en la arquitectura republicana de un país con derechos, donde la civilidad debe sostener el andamiaje democrático como se concibió a mediados del siglo pasado y que puede alcanzar la madurez de ver a una civil al frente de las secretarías de la Defensa y de la Marina una vez que Clara Brugada alcance en el 2030 la máxima magistratura nacional; paso obligado cuando mantiene nuestra milicia cooperación con el mayor imperio belicista de Occidente en acciones conjuntas con el Comando Norte de Estados Unidos. En un país ahíto de violencia, más museos de guerra y armas alimentarían para Clara Brugada, falsamente conciencias débiles que en la ineducación creen que en la fuerza está la razón de los mexicanos y no en su cultura.


CONTROL, EDUCACIÓN Y REDES

 



 


Por Vladimir Rothschuh

 

Uno de los mejores indicadores del INEGI acaba de revelarnos que  los mexicanos hemos superado los paternalismos del Estado,  la familia, la partidocracia y  la Iglesia.  Desde años atrás, la cifra de nacimientos viene a la baja, coincidiendo con la era digital que cambió  la manera de comunicarnos  y también quién tiene derecho a hablar sobre el cuerpo, la sexualidad, la pareja, la reproducción y la familia. Durante siglos, buena parte de esas conversaciones estuvo bajo el control de instituciones que establecían qué era permitido, correcto o aceptable. La Iglesia administraba la moral; el Estado instituía leyes; la familia ejecutaba reglas y la partidocracia convertía buena parte de esas definiciones en materia de legislación y política pública. Internet y las redes sociales  aceleraron  la transformación de las costumbres de nuestro largo mestizaje cultural, poniendo a millones de mexicanos en experiencias compartidas,  conocimientos  individuales y opiniones plurales en la palma de la mano. La sexualidad dejó de ser un asunto que se desorientaba en casa, en la iglesia o en la escuela. Hoy también se aprende, se discute y se contrasta en plataformas digitales.  Esto no  significa que las redes sean una escuela perfecta; también difunden  mitos, violencia, discursos de odio y desinformación.  Convertir esos riesgos en una condena general de la era digital es tan simplista, para que la SEP hoy muestre aquel rostro decimonónico de los poderes fácticos como del Estado interventor y regulador. Las nuevas generaciones hoy pueden consultar especialistas, escuchar experiencias de otras personas, conocer diferentes modelos de pareja y acceder a información sobre anticoncepción; ya no depende exclusivamente de la autoridad que le tocó por nacimiento: los chicos comparan se informan, entre parejas deciden y cuestionan.  Naciones Unidas reconoce que la educación integral puede desarrollarse también mediante plataformas digitales y advierte que la información incompleta o contradictoria deja a los jóvenes expuestos. Las nuevas medidas anunciadas para controlar los celulares en las escuelas remiten al fracaso de lo prohibitivo en vez de otorgar una materia curricular que eduque conforme a las nuevas tecnologías. Quienes están contra el uso de celulares en las escuelas son gente mayor como Susan Greenfield, Shoshana Zuboff, Saskia Sassen , Chomsky y Sennet; otro ejemplo de arcaísmo lo sintetiza Trump insistiendo en un mundo atado al petróleo y haciendo a un lado la agenda verde.  El error de cierta gerontocracia política consiste en observar a la nueva tecnología desde el mundo industrial que la precedió. Desde ahí, las redes aparecen como amenaza porque desordenan jerarquías, cuestionan autoridades y hacen visibles conductas que antes permanecían privadas.  Nada es un exceso; la digitalización no puede juzgarse únicamente por lo que nos incomoda, pues la Iglesia ya no tiene el monopolio de la moral sexual; el Estado ya no controla por sí solo la información; la familia ya no es la única transmisora de valores. Y la partidocracia tampoco puede pretender que las nuevas generaciones acepten sus definiciones sobre familia, género, derechos o reproducción sin someterlas a discusión. Para la presidenta Sheinbaum, Mario Delgado y Rosaura Ruiz, el desafío no consiste en regresar al mundo anterior a las redes, sino en conseguir que la libertad informativa vaya acompañada de educación, responsabilidad y capacidad crítica.

LA DAMA EN EL TABLERO

 





 

Por Vladimir Rothschuh

 

En el tablero de Claudia Sheinbaum, Citlalli Hernández sigue ocupando el lugar de una pieza con movilidad amplia: la dama puede avanzar por distintas casillas mientras la Reina construye su propio juego.  Aunque Citlalli ponga distancia a la cargada,  la política pocas veces espera las convocatorias cuando se es parte del primer círculo de Palacio Nacional. Hay un horizonte mucho mayor desde la perspectiva ajedrecista de la Reina en la edificación de su proyecto de país y que ya se viene prefigurando con la restauración del decálogo moral que nadie voltea a ver y menos respeta. La Presidenta  haciendo a un lado a figuras comprometidas con la corrupción que cínicamente intentaron repetir la pachanga del sexenio pasado, marca la hoja de ruta para la mitad de su administración: el Claudismo debe fundarse en perfiles éticos como el de Citlalli.  A ésta, como  dama del tablero claudista, nadie le puede acusar de nada; no ha robado, no ha mentido. Y es por aquí donde se conduce la narrativa  presidencial: Sheinbaum se desmarca en la segunda mitad de su gobierno de aquellos grupos y personajes cuya trayectoria política, patrimonial o contractual pudiera convertirse en un pasivo para su Presidencia. El primer tramo de su sexenio tuvo que convivir con herencias políticas, compromisos y equilibrios construidos durante el gobierno anterior, cuyo acabose fue Rocha Moya. Aquella arquitectura permitió la continuidad del proyecto, pero también trasladó a la nueva Presidencia grupos, lealtades y viejas disputas. Desde el año pasado es evidente el desplazamiento gradual de liderazgos heredados y la consolidación de un proyecto propio de Sheinbaum como Reina del ajedrez político. La Presidenta tiene  equipo propio, una generación propia de operadores y una estructura política que responde a su proyecto de país y no para negar la transformación, sino para gobernarla sin tutelas.  La mención de Citlalli Hernández para la alcaldía más importante de la CDMX expresa la reconstrucción de una nueva relación de fuerzas dentro de Morena. Porque hay grupos que durante años hicieron de la política capitalina un territorio de acuerdos, cuotas, posiciones y redes. No hace falta ponerles nombre; su presencia es suficientemente conocida. Tampoco hace falta convertir cada señal patrimonial o contractual en una sentencia. Basta observar que, para la agenda de Sheinbaum, las figuras rodeadas de cuestionamientos pueden terminar convirtiéndose en una carga política aunque nunca exista una resolución judicial que los condene, razones por las que el tablero político comienza a moverse y depurarse. La presidenta Sheinbaum no tiene por qué sostener indefinidamente todas las herencias del movimiento que recibió. Gobernar la segunda mitad del sexenio exige algo distinto: seleccionar interlocutores, renovar equilibrios y construir lealtades que respondan directamente a la Presidenta. En otras palabras, la cimentación del Claudismo.


HERNÁN CORTÉS - MIGUEL HIDALGO: INDEPENDENTISMO

 




Por Vladimir Rothschuh

 

Nuestra memoria nacional ha colocado el 15 de septiembre porfiriano de 1896  como el punto de partida de nuestros festejos independentistas,  siendo que el Grito de Dolores es la suma de otras iniciativas semejantes. Durante el Virreinato se acumularon conflictos sucesivos en torno a una misma duda: quién debía ejercer el poder sobre un territorio conquistado, poblado y habitado por generaciones que ya no tenían a España como experiencia inmediata, sino como una autoridad distante y voraz. En 1528, los conquistadores comenzaron a enfrentarse con los funcionarios enviados por la Corona. Alrededor de Hernán Cortés surgió la posibilidad de romper con las disposiciones de la metrópoli, aunque el conquistador prefirió negociar con Carlos V títulos nobiliarios y prebendas, dejando atrás a quienes pretendían llevar la ruptura a sus últimas consecuencias. El germen resucitó en 1566 con la siguiente generación mexicana: Martín Cortés Zúñiga, II Marqués del Valle, y Martín Cortés “El Mestizo”. La facción criolla se reconocía como nacida en suelo novohispano y con intereses propios. La conspiración impulsada junto con los hermanos González de Ávila pretendió derribar a la Real Audiencia y colocar a Martín Cortés, oriundo de Cuernavaca, como rey de la Nueva España, pero la Corona respondió con ejecuciones, prisión y destierros. En 1624, las tensiones alcanzaron al virrey Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves, cuyo gobierno fue derrocado por un motín popular en la Ciudad de México que demostró la vulnerabilidad del poder virreinal en su propia sede. Años más tarde, en 1642, Guillén de Lampart articuló un proyecto de emancipación que incorporaba a indígenas, esclavos y sectores marginados; acusado por la Inquisición, permaneció en prisión hasta su ejecución en 1659. Las dimensiones del conflicto continuaron ampliándose. En 1660, la rebelión indígena de Tehuantepec desafió los abusos de las autoridades locales y el peso de las cargas tributarias. En 1692, la escasez de maíz y el acaparamiento de granos desataron un estallido social masivo que culminó con el incendio del Palacio Virreinal. El hambre y la marginación se consolidaron como motores de la protesta contra el régimen. Durante el siglo XVIII, el orden colonial volvió a ser sacudido. En 1761, Jacinto Canek encabezó en Yucatán una insurrección indígena brutalmente reprimida, mientras que en 1786 las crisis agrícolas y la especulación alimentaria provocaron nuevos motines violentos contra los acaparadores de grano. En las postrimerías del régimen, la conspiración de los machetes de 1799 confirmó que las ideas de transformación política permanecían latentes en la capital. Finalmente, la invasión napoleónica a España en 1808 y la abdicación de Fernando VII trasladaron la discusión al problema central de la legitimidad: desprovista la metrópoli de rey, la soberanía debía volver a los habitantes de la Nueva España. La pregunta que en 1528 inició como una disputa señorial entre los conquistadores y la Corona adquirió, casi tres siglos después, una escala social ineludible. Entre 1528 y 1810 hubo una acumulación paulatina de choques de legitimidades: criollos contra peninsulares,  comunidades contra instituciones;  poder popular contra   poder virreinal.

SCJN: APERTURA SIN FLAQUEZAS

 


 

Vladimir Rothschuh

 

Cumplió su primer año la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación presidida por Hugo Aguilar, con una premisa que rompe la vieja liturgia togal: la justicia debe dejar de ser un capitolio para convertirse en muchos espacios cercanos a los muchos pueblos que son los muchos Méxicos. Durante décadas, el Poder Judicial se construyó a sí mismo como un templo distante, protegido por fórmulas herméticas y por un cripto lenguaje que solo los iniciados podían descifrar. La nueva SCJN conducida por Aguilar Ortiz tiene sello propio: un Poder Judicial que sale de sus oficinas y se encuentra con el país real y  que reconoce que la ley, para tener sentido, tiene que hablar el idioma de quienes la necesitan. La justicia,  conforme  a estas premisas, no puede esperar a que los ciudadanos lleguen hasta ella, debe recorrer el territorio, escuchar a las comunidades y reconocer que México rebasa  los escritorios de ministros, magistrados y jueces. Es una idea presuntamente  sencilla: aceptar que la ley escrita no agota la experiencia de la justicia, y que entre el texto normativo y la vida cotidiana de millones de mexicanos existe una distancia que las judicaturas tienen la obligación de acortar. La justicia pluricultural  es una dimensión significativa hacia la diversidad de reconocer la complejidad del país ampliándola a otras voces,  a otras comunidades y a otras formas de entender la relación entre sociedad y Estado: pueblos indígenas, comunidades históricamente ignoradas, visiones originarias  del derecho que no siempre encajan en el molde occidental clásico. Merece este gran  proyecto del ministro presidente Hugo Aguilar, perdurar  en una SCJN  más cercana pero no por ello  más vulnerable a las presiones del entorno. Escuchar a la sociedad  tiene retos de obediencia ante la ley, pues  dialogar a veces se confunde con  complacer el voluntarismo de pobres y poderosos. La legitimidad que  la SCJN gana  abriendo sus puertas  puede diluirse si esa apertura se confunde con debilidad, si el diálogo se transforma en subordinación;  es ineludible evadir que la proximidad erosione la autoridad moral que un tribunal necesita para decir "no" cuando la ley y lo justo así lo exigen guardando el punto medio del equilibrio. Equilibrio que es  la prueba decisiva para Hugo Aguilar Ortiz debido a que su proyecto reconcilia dos reivindicaciones que durante mucho tiempo parecieron incompatibles: una justicia próxima a las personas y una Suprema Corte suficientemente fuerte para ejercer su autonomía frente al poder político, económico y social.  Por su origen indígena y siglos de marginación, la voz del Ministro Presidente sostiene  la humildad de quien escucha y la firmeza de quien decide; en otras palabras, el indígena mixteco muestra la apertura de quien dialoga y la independencia de quien no se deja arrastrar por las presiones. La verdadera evaluación de este primer año supera la verborrea populista, descansando en la experiencia concreta de quienes buscan justicia muy real y demasiado verdadera, sabiendo que esta reforma judicial cubre expectativas  de menor distancia en una práctica de impartición cotidiana y verificable. El primer informe de Hugo Aguilar, esperemos que haya tres más,  ha colocado sobre la mesa una apuesta ambiciosa, quizá la más ambiciosa que se ha planteado en la historia reciente del Poder Judicial mexicano: transformar su cultura desde dentro  haciéndolo más transparente y  horizontal sin volverlo débil,  más abierto sin sacrificar la independencia que le da sentido a nuestro Máximo Tribunal de la Nación.


PISA, MOCTEZUMA Y SALINAS PLIEGO

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Las conclusiones de la Prueba Pisa arrojan tres aspectos fundamentales para su lectura actual: primero, sus evaluaciones responden al siglo pasado midiendo lectomatemáticas; segundo, la actual currícula de la SEP contiene los vicios del fracaso del Modelo Educativo Azteca patentado por el Grupo Salinas y, tercero, la “crisis” emprendida por Marx Arriaga es la sorna de la defensoría del paradigma “aburguesado” que Esteban Moctezuma importó a la SEP. Sobre esas tres variables, la discusión sobre la Nueva Escuela Mexicana ha terminado colocando a la Cuarta Transformación en el centro de todas las responsabilidades. Se le atribuye la ideologización de los contenidos, el abandono de estándares internacionales, la confrontación con la OCDE y buena parte de los cambios que han deteriorado el sistema educativo. Habrá que colocar antes los déficits en su secuencia histórica. Porque previo a que apareciera la Nueva Escuela Mexicana en los documentos de la SEP, ya existía dentro del universo empresarial de Grupo Salinas, el Modelo Educativo Azteca perfectamente identificado bajo tres ejes: carácter, libertad y creación de valor. Esteban Moctezuma presidió Fundación Azteca durante casi dos décadas y dejó esa posición para incorporarse al gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la Secretaría de Educación Pública. En 2019 comenzó a tomar forma la Nueva Escuela Mexicana como bandera educativa del nuevo gobierno. El discurso hablaba de educación integral, formación para la vida, cultura de paz, inclusión, comunidad y desarrollo de los estudiantes. Es un lenguaje que contiene conceptos que ya estaban presentes en el paradigma educativo de Salinas Pliego: formación integral, habilidades, carácter, liderazgo, pensamiento crítico y desarrollo de capacidades. Es valioso  entonces el giro emprendido por Mario Delgado en la SEP para una reingeniería educativa sin las deformaciones del sello empresarial y las malformaciones ideológicas marxianas que tristemente defendieron el proyecto de Salinas-Moctezuma, ahora reprobado por la OCDE y cuya expresión máxima la dio Cristóbal Salinas Medina desaprobando el modelo educativo de su papá. La tal Nueva Escuela Mexicana es una entelequia cuya paternidad se esconde bajo la fallida pedagogía azteca; la misma que ha llevado al país a un paulatino quebranto formativo y sobre ese equívoco los mismos responsables de este fiasco se regodean ante los resultados de la Prueba PISA.

ROSTRO DE MUJER

 



Vladimir Rothschuh

 

La arquitectura y el horizonte en el campo mexicano han cambiado de manos, de método y de rostro. Durante más de un siglo, las decisiones del sector agropecuario se dictaron desde despachos alfombrados y visiones masculinas que redujeron la tierra a una simple estadística macroeconómica. En el marco del Segundo Informe Presidencial, las acciones de Columba López  representan un hito por ser la primera mujer en encabezar el sector federal agropecuario, apuntalando un fenómeno político y operativo sin precedentes: la victoria definitiva del territorio sobre el escritorio. Hechura técnica y política de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha exhibido en apenas unos meses de gestión en Sader que el campo no requería discursos, sino botas puestas sobre el surco.  Los indicadores de este inicial periodo disipan cualquier  duda. La contención de la inflación en la canasta básica encontró su pilar más firme en la estabilización de los precios del jitomate, que, tras haber alcanzado picos alarmantes de 80 pesos por kilo, descendió drásticamente gracias a la articulación directa con las cadenas productivas. A la par, la protección en cultivos estratégicos como el maíz blanco y los cupos exportadores en caña de azúcar devolvieron certidumbre al abastecimiento, comercio y productores. Uno de los triunfos más complejos del Segundo Piso en el sector agrícola ha sido la desactivación de crisis transversales e internacionales. El problema del aguacate, una tensión binacional que amenazaba las exportaciones y la seguridad en la franja productora, fue resuelto en una labor coordinada entre Columba López y Omar García Harfuch, devolviendo gobernabilidad y garantizando el libre tránsito de los embarques. Asimismo, la respuesta inmediata y técnica ante la amenaza del gusano barrenador contuvo un riesgo epidemiológico que pudo haber paralizado la ganadería regional. En los estados, la efectividad del método Columba ha destrabado añejos nudos de corrupción e ineficiencia. En Nayarit, Zacatecas y Durango, toneladas de frijol estancadas en las bodegas por desidia burocrática e intermediarismo fueron rescatadas y canalizadas a los circuitos comerciales a precio justo. En el sureste, el rescate de la abeja melipona en Yucatán atendió una demanda ambiental y social olvidada por décadas, librando la biodiversidad y el sustento de las comunidades mayas. Este dinamismo del Segundo Piso de la Transformación desmonta de golpe la inercia patriarcal del sector agrícola. Por generaciones se repitió que la conducción del campo era un asunto exclusivo de hombres. Sin embargo, como bien observaba la activista y pensadora hindú Vandana Shiva, la conservación de la tierra, la protección de las semillas y la soberanía alimentaria han descansado históricamente en el trabajo invisible de las mujeres. Columba López traslada ese sabio matriarcado agrícola a la alta función pública: una visión agroecológica, social y pragmática que entiende que la tierra responde al trabajo directo, no a las minutas de oficina. La presidenta Sheinbaum, a través de sus cuadros formados en la eficacia, reafirma que el talento, la capacidad de gestión y la cercanía con la tierra tienen hoy rostro de mujer.

 


ANGELA DAVIS: FEMINISMO EN LA UNAM

 


 

La imagen no podía ser más simbólica: miles de jóvenes hicieron fila durante horas en la UNAM para escuchar a Angela Davis, ícono mundial del feminismo, el antirracismo y las luchas por la emancipación. Mientras la UNAM recibía a Davis con honores, estudiantes irrumpieron en el acto para denunciar violencia, represión y lo que consideraron una apelación  institucional de legitimarse mediante la presencia de una figura internacional en el contexto feminista universitario. La protesta terminó formando parte del propio acontecimiento. El horizonte merece algo más que consignas, debido a que la UNAM ha construido en los últimos años una extensa arquitectura institucional de igualdad y atención a la violencia de género. Su propia estadística revela una transformación que obliga a revisar el diagnóstico: las mujeres representan alrededor de 52 por ciento de la matrícula y son mayoría en bachillerato, licenciatura y posgrado; además, egresan por mérito propio y se titulan en proporciones superiores a los hombres. Esto no significa que la desigualdad haya desaparecido. En determinadas áreas académicas, administrativas y posiciones de investigación persisten brechas importantes. Tampoco equipara que la violencia de género haya dejado de existir. La Defensoría mantiene abiertos mecanismos específicos para recibir y tramitar denuncias. Pero una cosa es reconocer esos problemas y otra convertir cada estadística de denuncia en prueba automática de que la violencia disminuye: estas también dependen de la disposición y de los mecanismos institucionales para reportarlas. El cruel ejemplo es la “renuncia” de la primera mujer en alcanzar la Secretaría General, Patricia Dávila, removida como chivo expiatorio en un lodazal que los masculinos de la burocracia resolvieron como en las épocas tenebrosas y arcaicas de quemar brujas: la mujer es la culpable. Aquí comienza la discusión que la argumentación no puede eludir: acerca la responsabilidad individual o de una falla colectiva que terminó concentrando su costo político en una mujer, para reemplazarla no por otra mujer como espacio de género, sino para devolverle al mismo grupo de poder denominado batas blancas el espacio inmerecido por una mexicana: en la Torre de Rectoría, no es tiempo de mujeres. A esto también se refiere la presidenta Sheinbaum cuando habla como Puma de Corazón, pues hay una desorientación más que académica, conservadora partidista, donde la alta burocracia unamita es declarada adversaria de la Cuarta Transformación, muy a diferencia del grueso universitario donde alguna vez militó Sheinbaum en su juventud. La paradoja es inevitable: un sector progresista de la UNAM trajo a Angela Davis como parte de esa dialéctica irresuelta que anda coja cuando reclaman en su evento, y la maldad edénica se la cobró a la Eva de la Secretaría General conforme los viejos modelos del patriarcado. Invitar a grandes figuras del pensamiento emancipador resulta alentador pero estéril si las estructuras universitarias continúan operando bajo lógicas de chivo expiatorio y violencia patriarcal. La verdadera transformación de la universidad no se debería medir por el aforo de sus conferencias estelares, más bien por la capacidad de impartir justicia real en sus aulas y de erradicar la costumbre secular de culpar al “sexo débil” por los males que los hombres empoderados rehúsan asumir, como en los orígenes de la Real y Pontificia Universidad de México.