EDITORIAL

DEMOCRACIA Y POBREZA

 



*Becerro de Oro neoliberal

*Partidocracia y posdemocracia

*Dos proyectos de país

 

 

VLADIMIR ROTHSCHUH

 

 

El presidente López Obrador marcó la pauta de las elecciones del domingo 6 de junio cuando emitió su voto y al día siguiente en la mañanera, serenó al país entero confirmando que el proyecto transformador tiene las suficientes curules en la nueva legislatura de San Lázaro: 'para garantizar el presupuesto suficiente para los más necesitados, para los pobres, tener garantizadas las pensiones para los adultos mayores, garantizar el presupuesto para niñas, niños con discapacidad, garantizar el presupuesto para 11 millones de estudiantes de familias pobres, garantizar el presupuesto para que la atención médica y los medicamentos sean gratuitos, garantizar el presupuesto para que la educación siga siendo un derecho y nunca más se convierta en un privilegio, como era antes’. Reconoció el presidente López Obrador  las libertades de los comicios y la victoria de los partidos  de dos proyectos diferentes en sana armonía con  los valores que rigen a la Cuarta Transformación.  No obstante la sana invocación maderista del Presidente López Obrador, no evitó que  la usanza posdemocrática repartiera sinsabores. Ciertamente es una práctica en la posdemocracia tirar redes en el río revuelto; después de cualquier proceso electoral el siguiente fenómeno es etiquetar todo y apuntar a los responsables buenos o malos de los resultados comiciales. A nivel nacional se cuelgan ’sambenitos’ a los dirigentes partidarios, como a Mario Delgado, Marko Cortés, Jesús Zambrano y Alito Moreno, sus frustrados militantes los señalan por sus estrategias; en los estados y municipios se repite el empalamiento siendo notoria la insidia de los grupos transexenales morenistas que le pasan factura a Sheinbaum y a Ebrard con fines obvios por su relevancia en el 2024. El fenómeno posdemocrático lejos está de marcharse cuando la figura moral del Presidente de México guía la transformación deseada del país. Los priístas se organizan contra Moreno Cárdenas por considerarlo el responsable de las derrotas en varios estados y velar por sus asuntos personales como plurinominal; a Marko Cortés los históricos panistas lo tildan de pusilánime por la inercia con que dejó discurrir sus obligaciones opositoras y de Jesús Zambrano ni se diga con todos los ex cuadros perredistas en el PT, MC y Morena, dispuestos a volver por lo suyo en el PRD. En la posdemocracia nunca hay ganadores y casi todos son culpables hasta de ganar como hasta de perder. El sinsentido del poder por el poder, cuestionado por el presidente López Obrador, se ha vuelto a reflejar para mal de México porque los grandes problemas nacionales son presa de la noria partidocrática que abreva de ese pozo profundo del erario. No se crea que por cada vuelta que la partidocracia da a la noria, no brota la riqueza de unos cuantos y la pobreza generalizada. Si en la primera mitad del sexenio las reformas políticas y sociales no tuvieron tiempo de corregir el sistema partidario, en la segunda parte será complejo depurar nuestra partidocracia en sus costos, sobrerrepresentaciones y dimensiones cuánticas. El mensaje del presidente López Obrador habló de una democracia mexicana en su plena mayoría de edad, lo que debería  reformular la reducción del subsidio al INE y partidos, elevar la representación real para acabar con la ficción de la chiquillada, ajustar a las militancias a sus principios y no al filibusterismo saltimbanqui, lo que incluye la traición a la representación soberana en el Legislativo con su chapulineo y especialmente volver a respetar el legado maderista de la no reelección que malversó Peña. Seamos francos, tener garantizado el presupuesto suficiente para los más necesitados, para los pobres,  las pensiones para los adultos mayores, para niñas y niños con discapacidad, para 11 millones de estudiantes de familias pobres,  para la atención médica y los medicamentos sean gratuitos y para que la educación siga siendo un derecho, simplemente nos revela que a la par tenemos un régimen partidario, rico, ambicioso, insaciable y completamente elitista  opuesto a los millones de mexicanos en pobreza y que se puede enmarcar en un proyecto divergente al que encabeza y representa juaristamente el presidente López Obrador, quien muchas veces pidió reducir el gasto partidario y fue desoído, pues atentaba como Moisés contra el Becerro de Oro neoliberal.  

 

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