EDITORIAL

NEOLIBERALISMO PENALISTA




*Música y poesía, poder y creadores
*Estado de Bienestar contra Estado policial
*INSABI y la Mafia Bata Blanca


VLADIMIR ROTHSCHUH


Filtradas o no las reformas al sistema de justicia penal, su aniquilación in vitro devuelve la certeza jurídica al Estado de Bienestar que busca erradicar, en percepción del presidente López Obrador, el modelo económico como matriz de los males en la procuración e impartición de justicia. Sexenio tras sexenio las rutinas legislativas de culpar a las leyes del fracaso judicial, aparecen como panaceas entre las nuevas clases gobernantes y, en esta ocasión, la Cuarta Transformación no quedó exenta de la reformitis miope y excusadora del modelo neoliberal como paradigma sistémico.  Gertz, Monreal y Sánchez Cordero, forman parte de ese Establishment, siendo la excepción Julio Scherer, con visión particular del juarismo reivindicativo que el Presidente de México ofrece como resolución a nuestros problemas tras una constitución moral a las carencias del Estado de Derecho. El borrador original de las reformas recrudecía la obsolescencia de leyes crueles contra los derechos humanos y cuyo monumento es el saldo sanguinario del Estado policial y represor de las pasadas décadas. Antes que las reformas sociales den los primeros resultados del proyecto lopezobradorista, se formularon reformas al sistema penal cuando insiste en señalar el presidente López Obrador la decepción del neoliberalismo y la putrefacción de los demás sistemas comunicados por el cáncer de la corrupción. La persistencia del modelo económico ha fomentado las autoderrotas de los sistemas de justicia, salud y educación, bajo un sentido claro que en los fracasos radica la pervivencia del modelo posdemocrático, lamentablemente reivindicado ahora con esta nueva reforma penal.


Música sin poesía es igual a borrachera. Esta ecuación es lo que distingue la formación intelectual del presidente López Obrador y Beatriz Gutiérrez Müller por esas dos pasiones del ágora, frente a las que alguna vez hubo parcialmente en Los Pinos cuando el alcoholismo decidía los destinos de México y los cuates de la farándula dirigían la comunicación social y dependencias federales. No por ello López Obrador es el primer Presidente de México en celebrar esta fecha con los compositores.  Compartieron el disfrute del Día del Compositor y sus creadores, la pareja presidencial y la titular de Cultura, bajo una nueva identidad poética que muestran a Gutiérrez Müller tras la rareza dariana de Solón Arguello o de la trova social. Las relaciones del poder político con los artistas siempre han sido complejas ponderando lo esencial de su respeto y libertades cuando ese poder se distingue por su conocimiento y disfrute de las artes, pues lamentablemente todo presidencialismo se caracterizó por los sobrados donaires de incultura que ribeteaba la chabacanería política. Y Manzanero ahí ha estado en los últimos tiempos frente a la perennidad de un oficio y los accidentes políticos. La grandeza de México destacada por el presidente López Obrador involucra en esa hermandad mayor latinoamericana, el legado cultural mexicano, curiosamente derruido por la tecnocracia neoliberal que empequeñeció las artes en las pasadas cuatro décadas. La mejor celebración de López Obrador, Gutiérrez Müller y Frausto a los músicos, ha sido el fomento económico y la independencia creativa desde la Cultura Comunitaria y sus Semilleros Creativos. Sin la embriaguez del alcohol y del poder presidencial, el respeto a los artistas y sus creaciones, hoy es la paz. Porque en los equívocos del intelectual y la política, como dijo García Márquez, siempre es más que un asunto de dos.  


Ayer Jorge Alcocer puso en marcha el primer hospital del INSABI que dará atención en Yucatán a once municipios de la región y hoy el presidente López Obrador reúne su Gabinete para tratar intersecretarialmente el desenvolvimiento del INSABI. La malversación de la salud con fines políticos raya en la apología de la criminalidad y es lo que ha venido haciendo la derecha panista al fomentar entre grupos sociales afines supuestas carencias, articuladas con farmacéuticas que han operado el falso desabasto. Una vez Jorge Alcocer detuvo a la camada neoliberal de ex secretarios de Salud agrupados en torno a la perversión certificadora del Seguro Popular, fue penoso encontrar ahí a Soberón y a Narro, pero al fin y al cabo mezclados en esos intereses desnaturalizadores de la salud pública y que dio pie a ser denominada por muchos como la Mafia Bata Blanca, ante la cual emerge ahora Julio Frenk defendiendo lo indefendible no sólo del Seguro Popular, sino de su gestión como servidor público. La apología de la violencia fue tipificada delictiva por los neoliberales, bajo esa sombra están ahora los promotores del Seguro Popular.   Afortunadamente el presidente López Obrador y Jorge Alcocer son factores de concordia, sabiendo superar el año pasado las distintas provocaciones que fallaron en detener la transformación nórdica en el sector salud y que ahora ambos sabrán hacerlo en estos estertores conservadores contra el INSABI.


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