FEMINISMO BLANCO

 



*CARTILLA MORAL

*FEMINISMO BLANCO

*SUPREMO SOBERANO


Vladimir Rothschuh


El voto popular autoriza a Gilberto Bátiz a construir un nuevo liderazgo en el Supremo Electoral. Con una visión clásica del positivismo jurídico y una perspectiva internacional que trasciende nuestra triste autarquía, el Magistrado Presidente logra recuperar la narrativa a favor de los equilibrios democráticos, al grado de que quienes construyeron la sobrerrepresentación legislativa en el 2024,  hoy dan la media vuelta sobre sus equívocos y llaman a retroalimentarlos en la reforma presidencial. Nueva sabiduría emanada de la elección judicial con magistrados, jueces y ministros, que se deben al Pueblo y sus horizontes están más allá de las coyunturas partidistas. 

II- En la impartición de justicia como en las familias adineradas, persiste el fenómeno de la riqueza impronta como el poder inexplicable. Al ministro presidente Hugo Aguilar, como a varias ministras y ministros, los sorprende aún la naturaleza humana retratada por Balzac y Proudhon: ministros y ministras poco a poco sufren el desdoro que apenas meses atrás los hacían promesas rutilantes de una nueva Suprema Corte de Justicia. Con el fujimorazo de Zedillo se apostaba a que la nueva SCJN dejaría atrás la corrupción a través de la Judicatura; pero otra vez la condición humana devolvió a aquellos ministros a la tradición de Fernando II y Carlos V. Perder piso, marearse conforme a la jerga popular, sobre un tabique, incita a que Hugo Aguilar fundamente la impartición de justicia en otro libro que no sea la Constitución, sino en un decálogo de ética o cartilla moral que alguna vez nuestros positivistas crearon en razón de los inéditos tiempos revolucionarios. El Órgano Administrativo y el Tribunal de Justicia, son guillotinas para momentos finales, cuando estos instantes son de ibuprofenos urgentes en la recomposición humanista de la Nueva Corte.

II- Citlalli Hernández, en el Centenario del Primer Congreso Feminista, llamó a las  mexicanas a seguir dando la lucha con energía y sororidad, cada una desde su espacio, para preservar y ampliar el empoderamiento de las mujeres. Para la primera secretaria de las mujeres, llegar no basta, pues se tergiversaría el feminismo como un ente acabado cuando persisten infinidad de aristas entre los derechos de las mexicanas por su posición económica, raza y profesión; triada palpable que las separa, confronta e invisibiliza, en la penosa y silente lucha de mujeres contra mujeres. Un siglo después de nuestras primeras y arrojadas feministas, el fenómeno se mueve hacia lo que muchas tratadistas inglesas y americanas llaman a estas conductas de mujeres agraviando a semejantes, "feminismo blanco".