EDITORIAL

PRESIDENTE SIN FOBIAS





*Transformación Cultural
*Sectarismos partidistas
*Clientelismo de la pobreza
*Presidente sin partido y sin fobias


     VLADIMIR ROTHSCHUH

Ingrata se percibió en Palacio Nacional la maniobra de la actual dirigencia nacional del partido Morena para obligar al presidente López Obrador a traicionar sus promesas de gobierno sobre su autonomía partidista como Jefe de Estado y por ser un gobernante de todos los mexicanos. El Congreso Nacional salió con fórceps cinco minutos antes de que venciera el plazo fatal del INE, trayendo bajo el brazo una torta con una longaniza que ya el presidente López Obrador explicó que no come por hipertenso. La longaniza en tripa marranera es que el evento de mediados de semana en noviembre que coincide con el onomástico de la Revolución Mexicana, se mandó al domingo, precisamente para que el conservadurismo moreno proponga la sí-reelección de Polevnsky por tres años más. El Presidente López Obrador, que en varias ocasiones ha jalado el cabestro a las politiquerías morenistas, no podrá ser  enredado con ese mecate corto de que es faccioso yendo a celebrar un programa de grupos políticos como amante de los señoríos para alargar el plazo de Polevnsky hasta finales del sexenio.  Si hubiera más atención del CEN de Morena sobre lo que cada mañanera externa el Jefe del Estado Mexicano, ahorraría desaguisados como el recién fraguado con la longaniza de obligar  al Presidente de México de asistir al Congreso partidario y en una fecha que contraviene el espíritu reeleccionista del evento.  Las libertades del CEN moreno para ajustar sus fechas del Congreso en noviembre se originan en el respeto y la preservación que el Presidente de México tiene de su investidura como el Jefe de Estado de todos los ciudadanos con diversidad de ideologías y afinidades políticas. El 20 de noviembre el presidente López Obrador ratificará su estatura moral frente a la tercera transformación de México y la suya.


Sobre tres vertientes se movió la comparecencia de Alejandra Frausto ante la Comisión de Cultura y Cinematografía de San Lázaro: Cultura por la Paz, Reconstrucción y Gasto transparente.  Los diputados recibieron directamente las cifras de la dispersión financiera cultural que ha resultado creciente bajo la austeridad juarista ejemplificada por el presidente López Obrador en gastos administrativos y operativos, lo que felizmente arrojó en el sector cultural un ahorro de casi dos mil millones de pesos que se fueron, en palabras de Frausto, hacia la ‘preservación y mantenimiento del patrimonio propio, estímulos a la creación, operación en la sede de Tlaxcala, Circuitos Culturales, mantenimiento a escuelas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, así como a la red de festivales’. La Secretaria de Cultura fue enfática al abundarle a los legisladores que la transformación de México no es solamente política, lo es especialmente a través de la cultura en el trabajo cercano con la gente en  ‘338 municipios de 32 entidades; 214 de esos municipios con alto grado de violencia, con  987 actividades artístico-culturales, en las que han participado 191,616 personas, la creación de 225 Semilleros creativos permanentes que trabajan diariamente con 9,200 niñas, niños y jóvenes y 655 maestros que son creadores locales en 172 municipios de todo el país’. A esta transformación se le llama ‘poder blando’ que acertadamente Frausto explicó de manera simple a los representantes populares pues ‘cuando un niño toma una cámara, la pintura, el teatro, para decir lo que siente, lo que le duele, lo que goza va transformando su vida y su realidad, este es el programa de los más importantes que podemos dejar en esta administración del presidente López Obrador. Este es un programa que se siembra y es transversal en toda la Secretaría de Cultura.’ La reconstrucción de los monumentos virreinales afectados por el 19-S va completada por la mitad, Frausto ha buscado auxilio en naciones europeas que gustosamente se han sumado a poner en pie la arquitectura sacro, y claro, asistida también financieramente con recursos del Fonden y del INAH. El ejercicio parlamentario de Frausto y los diputados de Cultura y Cinematografía se adelantó al Primer Informe Presidencial que este fin de semana el presidente López Obrador acabará de redactar en su racho de Palenque. Los vasos comunicantes entre la Secretaría de Cultura y el Congreso de la Unión fueron ensanchados hacia nuevas comunicaciones institucionales en devenir.


Con Rosario Robles enfrentando en Acatitla los resultados del manejo clientelar de los recursos presupuestales de la pobreza, no pudo menos María Luisa Albores que ahondar en esa circunstancia, cuando relató ‘que al hacer una revisión de los programas sociales en Sedebien, se detectó que en administraciones pasadas se utilizaron de manera clientelar para atraer votos, por lo que ahora eso se ha acabado al entregar directamente los recursos a las personas que más lo necesitan’. La verticalidad de Albores la reconoce el presidente López Obrador porque esos vicios de nuestro sistema partidario le han traído roces a la titular de Bienestar frente a los usos y costumbres del intermediarismo social que sexenio tras sexenio se pone la camiseta del partido en el poder para seguir ordeñando la ubre del erario federal sin que una gota de esa leche llegue a labios del grupos vulnerables más urgidos. Tan es así que ninguno de esos pobres se ha aparecido a demostrarle su apoyo a la ex titular de Sedesol, como evidencia de su desempeño transparente. Ponerle fin al intermediarismo equivalió para Albores a cortarle las manos al clientelismo morenista, sobre el éxito de la participación directa de los sectores marginados con la autoridad federal descansa la trascendencia de la Cuarta Transformación. Hecho que el presidente López Obrador ha comprobado en las comunidades que recorre por todo México,  porque cuando no le agradecen los pobres haber acabado con ese clientelismo, se engallan denunciándolo ante el mero Presidente de México. Debe ser el Jefe de Estado la figura responsable directa de lo que hace su Gabinete, era inadmisible que los expresidentes alegaran desconocer los actos de corrupción bajo su mandato, eso se acabó con el nuevo ejercicio republicano de López Obrador.

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