Vladimir
Rothschuh
La
Guadalupe es la figura católica con más adeptos en el mundo y su santuario del
Pocito, hoy La Villa, es el segundo tabernáculo católico con el mayor número de
visitantes en el mundo, luego del Vaticano. El Papa León XIV inmediatamente que
asumió, manifestó sus deseos de cumplir uno de sus mayores propósitos desde que
estaba en Perú: visitar a la primera madre de América cuyos portentos cinco
siglos después los sigue celebrando como se los dio a Montúfar como la Virgen de los Pobres Indios; porque esa Lupita negra era más bien nuestra Toci y no la
importada por los extremeños conquistadores. Méritos que siguen dando créditos
de fe como otra de las representaciones de la Madre de Cristo, sobre la que no
quedó bien León XIV cuando prohibió a los católicos rezarle a la Eema de
Joshua, pues ella no era santa y menos intercesora del Cielo. Pecado de omisión, pues, el Arcángel
Gabriel le habló a Ana y Joaquín como a Abrahán sobre su descendencia prefigurando el devenir de la niña cual templo puro del Mesías; esta María minimizada por el Papa, es la que habló con
Gabriel cuando vivió el acoso en el internado del Beit Hamikdash, lo que
confirma la vena hebraica de la mujer como único código del judaísmo ante el Innombrable. No le recen a María, es tan
fatua conseja como no rezarle a Tonantzin, cabal madre de los mexicas también Toci, Coatlicue, Cihuacoatl o Chimalma; los mismos nombres para la misma
energía como Guadalupe, Fátima, Auxiliadora, Socorro. La María incompetente de
León XIV como intermediaria de Cristo, es un sablazo en el pie del catolicismo
porque el peor pecado denunciado por Lutero contra el clero, fue decirse y designarse
mediadores ante Cristo y Adonai, cuando cada uno de nosotros es el Yo Soy. Pero
tiene agendado León XIV una gira a México y que extendió su beneplácito la
presidenta Sheinbaum en el marco del 12 de diciembre, postrero al original octubre
de levantar cosechas y prepararse los mexicas para el invierno. Así como el
actual Papa no es muy adepto de María, en boca de la entonces alcaldesa de
Tlalpan pusieron la frase: “un pedazo de yeso no hace milagros”. Y que no era
negación a la Virgen Morena sino la afirmación de su estirpe que sancionó a
Aarón por darle el becerro de oro a los inquietos judíos mientras Moisés hablaba con la Zarza Ardiente y redactaba el código civil. Luego de las disculpas del
Papa Francisco por los excesos del clero secular en la conquista de México, los
pecados quedan perdonados y la primera mujer Presidenta, convoca a la misma figura
de aquel Borgia o Borge que degustaba en el trono de Pedro el chocolate y el
tabaco mexicanos, a placearse por la región menos transparente.
