POR LOS CAMINOS DE JUÁREZ

 



 

Vladimir Rothschuh

 

Hugo Aguilar Ortiz es el segundo indígena en presidir la Suprema Corte de Justicia de México. En vísperas de anteayer 21 de marzo y comenzado el fuego nuevo del nuevo siglo Ce Tochtli, el ministro presidente de la SCJN desandó los caminos de Benito Juárez, caminándolos enseguida de concluir el cuarto diálogo entre justicias con las autoridades ancestrales Chocholtecas - Mixtecas en San Cristóbal Suchixtlahuaca. Oaxaqueños, ambos presidentes indígenas de la Suprema Corte de Justicia, sintetizan su tiempo y su siglo, como dijo Victor Hugo de la lucha de Juárez contra el invasor galo-teutón; el mismo Napito III que persiguió y exilió al genio de una Francia sin libertades e igualdades,  cuyo tío inspiró con su Código Civil a nuestros liberales a acabar con las castas religiosas e indígenas. Un preciado bien de ser lerdianamente iguales ante la ley, ante un mismo idioma, pero que condujo a otro de los males en la tenencia de la tierra devuelta a manos blancas latifundistas. Ese segundo pico contra los indios, el primero fue la conquista, replicaría al porfirismo, la Revolución y el finiquito de los neoliberales en el siglo XX, con reformas antijuaristas, ya contra el ejido, ya devolviéndole derechos a la alta curia con el 130 constitucional manoseado. Como aquel Juárez que expropia al clero sus inmensos territorios para que las etnias no pudieran acceder a ellas ante la igualdad de las leyes, a Hugo Aguilar Ortiz le toca padecer la modernización salinista que reformó el 27 constitucional para libertad no de los ejidatarios y comuneros, sino otra vez para quienes con dinero se hicieran de sus tierras como ocurrió con las Leyes de Reforma. Semejante a un bucle de tiempo, nuestra alma nacional se miró desde el otro lado de la espiral en la implosión del levantamiento zapatista, en la que el luchador  indigenista Hugo Aguilar supo coincidir como expresión mixteca de los derechos agrarios escarnecidos por las transnacionales de la explotación minera a cielo abierto: otra vez las heridas a la tierra sangraban a sus protectores ancestrales cual venas abiertas. Expresión de su época, Benito Juárez creyó en un México igual ante las leyes, unificado por el español, sin castas, sin injerencias externas, perfil que lo unifica y matiza un siglo después con el indígena mixteco Aguilar Ortiz, que hoy preside la Suprema Corte bajo una innovadora perspectiva de convergencia plural, fomentando las múltiples imparticiones de justicia del centenar de pueblos originarios. A ese reconocimiento, fomento y participación nativos, Hugo Aguilar Ortiz lo ha denominado “diálogo entre justicias”, porque el derecho ajeno no trajo paz, sino privilegios y apropiación blanca sobre agua, árboles, minerales, semillas y la vida misma pisoteada por hambre y nuevas esclavitudes. El indigenismo de Leopoldo Batres, de los hermanos Caso, fue el esnob apropiacionista de Maximiliano y Carlota. El lema  de que por encima o al lado de la ley nadie, tan usado y desgastado por una justicia de blancos, es hoy sometido a juicio por la revisión pluralista del nuevo presidente de la nueva Suprema Corte, el mixteco Hugo Aguilar Ortiz.