CORRUPCIÓN JUDICIAL

 



 

Vladimir Rothschuh

 

En el relanzamiento del sistema judicial bajo la separación de obligaciones y sin yerro de por medio, estuvieron juntos en Colima, Hugo Aguilar, Celia Maya García, Eva Verónica de Gyvés, Rufino H. León e Indira Isabel García, para inaugurar la Visitaduría Regional de Occidente. Respondiendo a la nueva transparencia y relanzamiento, la actual Suprema Corte se alejó de los vicios del viejo orden judicial donde fungía como juez y parte de casi todo; porque aquella Suprema, como diseñaba el presupuesto, también estaba a cargo de la carrera judicial, decidía en los recursos materiales y financieros, era la sancionadora de las faltas administrativas, fue defensora pública y hasta tramitaba las licencias de sus trabajadores. De nada sirvió crear la Judicatura que apuntaba en los noventa a acabar con la corrupción de los ministros, si al primer golpismo de Zedillo se sumó el segundo de los Aguinacos, Juventinos, Góngoras y Azuelas, pues asumieron, además del pleno, los quehaceres de la Judicatura, hoy separados en los órganos que testean Celia Maya y Néstor Vargas. La hoja de ruta notable en actos y jurisprudencias por el ministro Aguilar Ortiz es de territorialidad para que la Corte, Disciplina y Administración trabajen en campo y de cercanía a quienes la justicia distanció por su centralismo. La Sala que inauguraron en Colima es un órgano de control territorial acerca de las demandas contra jueces y magistrados de  Jalisco,   Michoacán, Nayarit y Colima, ya para ser sancionados, ya suspendidos, destituidos o bien exonerados, según los casos. No obstante que hoy vivimos la digitalización del Poder Judicial, jamás una inteligencia artificial contará con la sensibilidad de un humano y menos la calidez y cercanía que genera certeza en las clínicas judiciales para oír, escuchar, responder en caliente, pero sobre todo, retroalimentar en ambos sentidos los diálogos entre justicias.  Porque ha enfatizado el ministro Hugo Aguilar que en los muchos Méxicos hay muchas justicias apegadas a un corpus social que dan rostro a la Virtud que no al Derecho consuetudinario, frío y desolador las más de las veces en que el pueblo buscó ser atendido. Entonces, de aquí parte la probidad de los impartidores de justicia y sus órganos de control, como división de responsabilidades internas en la construcción de un nuevo orden que la moral común exige en cada mexicano deseoso de un entorno y país armónico; “Idea” que a los milenios no han podido  suplantar o apagar las interpretaciones modernas de una neoliberalidad que a todos pasó a escalpelo.