EDITORIAL

MESURA



*Inyección financiera
*Certezas sanitizantes
*Plazos normalizadores


VLADIMIR ROTHSCHUH


Impuso la mesura Jorge Alcocer entre quienes han hecho de la pandemia un show personal, partidista y mediático, porque la peor epidemia coincide con lo señalado por el presidente López Obrador acerca de la codicia generada por la corrupción. Y de ahí que el Primer Mandatario exaltara las virtudes de la tercera edad sobre las precipitaciones juveniles que desde el salinismo hasta el peñanietismo procrearon los fracasos neoliberales que hoy debemos pagar todos. Con jauja y con alegría perversa anoche los agoreros del desastre, como los llama Beatriz Gutiérrez Müller, se frotaban las manos con el adelanto de la Tercera Fase, como la aceleración nerviosa al desastre. Formidable la mesura del Secretario de Salud atajando a los heraldos negros que han convertido la pandemia en lucimientos personales, de pandillas y de agrupaciones. Si el presidente López Obrador celebraba que México con la 4T haya salido de la peste neoliberal que enfermó al Estado, su titular sanitario, Jorge Alcocer sanitizó a tiempo la infodemia de la Fase Tres que puso a Zoé Robledo a exigirle cuentas a los medios que falsearon imágenes y datos de los nosocomios norteños del que tampoco han escapado los servicios sanitarios del ISSSTE que eficientemente conduce Ramírez Pineda. La evolución positiva de la sana distancia y del aislamiento social, colocan a México entre las naciones menos afectadas en el grueso internacional. Aceptar la fase tres era igualar a México con Estados Unidos, España o Italia, envueltas ahora en un retroceso con los casos de no inmunidad. Tanto para el presidente López Obrador como para su responsable de la salud nacional, Jorge Alcocer, quienes deben serenar el miedo inducido a nivel global por los agentes económicos, deben ser las autoridades públicas. Triste entonces que los gobiernos estatales fomenten el nocebo informativo usando de conejillos de indias a su ciudadanos en aras de construir posverdades abyectas.


 Fue valioso entonces que el presidente López Obrador atajara a la reacción política que ha hecho de la pandemia el ariete de veleidades, ofreciendo adelantar la revocación de mandato y que astilló el discurso nocebo de empresarios y partidos indispuestos a medirse con la autoridad moral del Presidente de México. Valdría la pena evaluar qué tan positiva es la revocación en un régimen presidencialista que enmienda los desastres del parlamentarismo presionado constantemente por las correlaciones de fuerzas políticas. Indispuestos a medirse con la Cuarta Transformación en las urnas, la cuestión es si persistirá el conservadurismo en la propagación del miedo a través de mentiras burdas o acompañarán a los mexicanos en la salida airosa que hasta el momento llevamos a nivel global entre las naciones menos afectadas por la epidemia. A la delimitación de fases por Jorge Alcocer, siguió el presidente López Obrador marcando dos plazos en la normalización nacional con el 17 de mayo para los municipios menos afectados y principios de junio para el resto. La certeza de los tiempos conforme el respeto del distanciamiento social se acompañará de una segunda inyección económica para los próximos tres meses y que el presidente López Obrador proyecta elevando el consumo en los hogares, secuenciando, inversión, gasto y productividad en la economía nacional.