EL CAMBIO PROMETIDO



 

VLADIMIR ROTHSCHUH

 

Con la reforma electoral de Peña Nieto el movimiento de López Obrador pudo arrasar en los comicios del 2018, esas mutaciones a favor de la partidocracia en este momento son un candado a las promesas de campaña de la presidenta Sheinbaum: los aliados verdes y petistas de Peña Nieto, al igual que PAN, PRI, PRD, y MC, están en desacuerdo de perder las prerrogativas que los neoliberales les concedieron cuando eran uña y mugre en el 2012. Son el obstáculo para transformar un modelo electoral ajeno al pueblo y muy cercano a las élites familiares que se han repartido alcaldías, gubernaturas, senadurías y diputaciones. El poder de Morena no es de mayoría absoluta como abundan los  erosionados adversarios de Alito, Romero y Máynez, más aún cuando, Castrejón, Anaya, Monreal y Adán Augusto le dan la espalda a Palacio Nacional para estimular entre sí la solidez de sus ambiciones con tal de sostener   nepotismo, subsidios y reelecciones. Indubitablemente que la presidenta Sheinbaum no proviene de la corrupción partidocrática y menos se regodea asumiéndola suya, pues tarde o temprano el Movimiento de Regeneración  que ampliaba los intereses del Callismo como techo partidista y germen del estatismo de pluralidad, diversidad, movilidad y todo lo que conlleva la madurez democrática, habría de crujir internamente. Popper otra vez asoma con su sentencia de los enemigos internos y que están en el armazón de las alianzas y coaliciones que permitieron a la chiquillada política extender su parasitosis a la sombra del Movimiento de Regeneración Nacional. La presidenta Sheinbaum topa con esa pleamar que pone en riesgo su proyecto de Segundo Piso al destacar en los restos de esos movimientos intestinales marinos, la narcopolítica donde el presidente Trump aprieta en pos de sus intereses empresariales, pero que son a su vez moneda de cambio en la contención de la hipocresía de verdes, primores y petistas. Defender el proyecto de país se tergiversa no solamente con los lastres de la corrupción política, sino con su arreglo que busca demoler la Presidenta y a la que no están dispuestos de formar parte de esa extinción los asociados que ayer acompañaron a Peña Nieto, antier a Calderón y anteayer a Fox. A la Presidenta de la República,  muy ajena a la tradición cleptómana del sistema partidario, es patente que no es necesario este lodazal para que la democracia mexicana dé sus nenúfares.