BAÑOS TURCOS



 

Vladimir Rothschuh

 

Retomó la presidenta Sheinbaum otra de sus promesas que imantaron a afines y contrarios durante su campaña: “prosperidad compartida”. Se lo ratificó a un grupo de economistas que acompañaron a Marcelo Ebrard a Palacio. La Presidenta ha insistido en darle continuidad a la economía moral o de la felicidad que rompió los paradigmas de la izquierda mundial cuando México tuvo para sacar a millones de la pobreza sin menoscabo de inversionistas, banqueros o empresarios. Mientras la Presidenta insiste en compartir la prosperidad, hay quienes se ufanan en la doble moral personificada en el precarismo: el Segundo Piso es malinterpretado, quién sabe si por malicia de las aguilillas guindas afines a los conservadores que apuestan al fracaso, cuando inculcan la pauperización de la economía y de la vida de las familias como insulsos pro y anti maduristas. Achicar la corrupción del régimen posdemocrático no es precarismo, las quejas de todos los partidos opositores y oficialistas son semejantes: quieren seguir en la proxenitud del pacto peñanietista. Los abajo firmantes del 2012 hicieron explotar un régimen inaguantable que ya no dio más de sí en el 2018 con el hartazgo masivo, manifestado en las urnas a favor de la transformación de México. Prosperidad compartida no es una partidocracia obesa o una burocracia electoral análoga y menos un populismo de migajas o un déficit presupuestal. Los malos entendidos coinciden con un oficialismo panzón y mendaz que receta no pobreza, sino pauperización  desde la comodidad termal de los baños turcos: los no electos propinan recetas de escasez. Ebrard sentó a los economistas con la presidenta Sheinbaum y atornilló la prosperidad compartida en el sector hacendario que no está jugando por el programa de país sino en la pequeñez   mancerista. Si el gobierno no gasta, el país decrece. Hasta antier la reingeniería del gobierno federal apuntaba por convertir a la Secretaría de Economía en una subsecretaría de Hacienda, hoy Ebrard revela la zaga distante de un sector gubernamental divorciado del impulso económico liderado por la Presidenta. Más flexibilidad y menos ataduras, evidenció la economía moral de la 4T, que no es una perversidad  fisiócrata. El encuentro de la presidenta Sheinbaum con economistas, devolvió certeza al proyecto original afectado menos por Trump que por la abulia pérfida del fatuo y medroso oficialismo.