Retomó la presidenta Sheinbaum otra de sus promesas
que imantaron a afines y contrarios durante su campaña: “prosperidad compartida”.
Se lo ratificó a un grupo de economistas que acompañaron a Marcelo Ebrard a Palacio. La
Presidenta ha insistido en darle continuidad a la economía moral o de la
felicidad que rompió los paradigmas de la izquierda mundial cuando México tuvo
para sacar a millones de la pobreza sin menoscabo de inversionistas, banqueros
o empresarios. Mientras la Presidenta
insiste en compartir la prosperidad, hay quienes se ufanan en la doble moral
personificada en el precarismo: el Segundo Piso es malinterpretado, quién sabe
si por malicia de las aguilillas guindas afines a los conservadores que
apuestan al fracaso, cuando inculcan la pauperización de la economía y de la
vida de las familias como insulsos pro y anti maduristas. Achicar la corrupción
del régimen posdemocrático no es precarismo, las quejas de todos los partidos
opositores y oficialistas son semejantes: quieren seguir en la proxenitud del pacto
peñanietista. Los abajo firmantes del 2012 hicieron explotar un régimen
inaguantable que ya no dio más de sí en el 2018 con el hartazgo masivo,
manifestado en las urnas a favor de la transformación de México. Prosperidad
compartida no es una partidocracia obesa o una burocracia electoral análoga y
menos un populismo de migajas o un déficit presupuestal. Los malos entendidos
coinciden con un oficialismo panzón y mendaz que receta no pobreza, sino pauperización
desde la comodidad termal de los baños
turcos: los no electos propinan recetas de escasez. Ebrard sentó a los
economistas con la presidenta Sheinbaum y atornilló la prosperidad compartida
en el sector hacendario que no está jugando por el programa de país sino en la pequeñez
mancerista. Si el gobierno no gasta, el país
decrece. Hasta antier la reingeniería del gobierno federal apuntaba por convertir
a la Secretaría de Economía en una subsecretaría de Hacienda, hoy Ebrard revela
la zaga distante de un sector gubernamental divorciado del impulso económico
liderado por la Presidenta. Más flexibilidad y menos ataduras, evidenció la
economía moral de la 4T, que no es una perversidad fisiócrata. El encuentro de la presidenta
Sheinbaum con economistas, devolvió certeza al proyecto original afectado menos
por Trump que por la abulia pérfida del fatuo y medroso oficialismo.