Vladimir
Rothschuh
Serían
las fiestas de fin de año las que obnubilaron el sano juicio de Pablo Gómez con
sus emisiones verbales que lo hermanaron como irredento bolivariano ante las y
los pasmados consejeros del INE. Lo que debía ser una toma de nota estremeció
Palacio Nacional, pues los objetivos de la nueva reforma son precisamente
acabar con esos talantes absolutistas en que se formó y comulgó Gómez. Afortunadamente,
apareció la sensatez en San Lázaro para recordarles a las y los consejeros
del INE como al deteriorado ex líder del 68, que la última palabra la tiene el
Congreso sobre ese borrador inmenso que habráb de pulirlo la presidenta
Sheinbaum con Esthela Damián para dejar atrás los vicios del ex partido de
Estado y sus satélites electorales que lo acompañaron por casi un siglo. Una
añeja escuela negada a desaparecer y menos a aceptar la automutilación de los
mal llamados privilegios posdemocráticos adquiridos en la reelección, nepotismo
y subsidios.
II-
En el Martes 13 y de la Salud, era sanitizada
la intervención yankee en México y la presidenta Sheinbaum descompuso el rostro
injerencista de nuestros conservadores, cuando colgó el teléfono con Trump y se
fue a hacer lo suyo con Kershenobich, Robledo, Batres y Svarch. Lo interesante, no eran los datos sanitarios de los funcionarios responsables del sistema
nórdico, sino las causas por las que Sheinbaum ha sostenido su altura
privilegiada ante el magnate de la Casa Blanca y que Alfonso Suárez del Real
detalló en los orígenes de nuestro humanismo mexicano, marcado por la educación
pública y gratuita, lograda entre Benito Juárez y Gabino Barreda. Este
humanismo explica el éxito de la Cuarta Transformación y los fundamentos de su
economía moral lopezobradorista que la separan de los fracasados modelos radicales sociales y la
blindan ante las ocurrencias demodés del post industrialismo norteamericano,
personificado por Trump.
