EDITORIAL

EX PRESIDENTES A JUICIO

 



 

*Bucareli y su agenda laboral

*La normalización burocrática

*El que nada debe

 

 VLADIMIR ROTHSCHUH

 

El presidente López Obrador vuelve a acortar el lazo sobre los expresidente apuntando a las elecciones del año entrante como un dispendio único durante la elección federal. Entre esos preparativos la reforma que extingue el fuero presidencial aligera los propósitos sobre qué llamar a cuentas a los ex mandatarios desde Salinas hasta Peña. Y como ha sido el presidente López Obrador el ejemplo moral de su republicanismo juarista, la Revocación de Mandato que no querían enfrentar el año entrante los conservadores, inevitablemente vuelve a ser revalorada en un solo horizonte de éticas y posverdades. A dos años en Palacio Nacional, el presidente López Obrador ha enfrentado una guerra sucia y constante de sus adversarios ideológicos pero que rechazan medirse en una Revocación de Mandato, aunque en lustros pasados haya sido la derecha quien juzgó por los delitos de lesa humanidad a Luis Echeverría durante el sexenio de Vicente Fox,  siendo el fiscal Carrillo Prieto quien dirigió el proceso en contra del ex mandatario y ex jefe supremo de las fuerzas armadas. Felipe Calderón exoneró al ex presidente Echeverría junto con los malos cuerpos militares que lo acompañaron en el 68 y en 71, para congraciarse con sus acciones belicistas y fratricidas de su Plan Mérida. Tan alta tiene la escala de su moral republicana el presidente López Obrador  que apuró a la otra Cámara a desembocar el fuero de los expresidentes para dejar en la voluntad popular el destino de los ex Jefes de Estado, bien recordados o malqueridos en la memoria colectiva.



Los temas laborales ahora los atiende Olga Sánchez Cordero en Gobernación, fue ella y no la titular de la STPS, Luisa Alcalde, quien sentó a Carlos Slim y a Hernández Juárez a dirimir sus diferencias mirando por el bien de México, consiguiendo así que la principal telefónica del país no metiera más fierros a la lumbre de la economía postcovid; el ingeniero Slim es uno de los principales activos empresariales que empujan la 4T y que ha sabido apalancar los proyectos cruciales del presidente López Obrador. La confianza de Slim en el proyecto del presidente López Obrador suma a su amiga Olga Sánchez Cordero no obstante de provenir ella del Grupo Banorte. Un fierro menos es el punto final de la huelga en Telmex a estallar en estas fechas como agua fría sobre esa lumbre que el conservadurismo soplaba con mal agüero.



Otro que pepenó los fierros o las armas sanitarias de la batalla contra la pandemia, es Luis Antonio Ramírez, la instrucción presidencial de regresar a la normalidad la institucionalidad del ISSSTE, se ha ido cumpliendo una a una o desandando lo que la burocracia tomó como festín y hasta los funcionarios del Instituto infravaloraron a la distancia mientras
su director Ramírez Pineda no paraba un sólo día desde marzo hasta la fecha; así el ISSSTE ha tenido que trabajar a brazo partido para atender esta emergencia sanitaria, ya que sólo son 21 mil 404 trabajadores (26.7%) dedicados a atender enfermos del COVID-19, de los 80 mil 44 antes de la pandemia. El personal de salud que atendía a los derechohabientes por enfermedades que no estaban relacionadas con la pandemia, fue de 23 mil 980 (30%) y 34 mil 660 (43.3%) tuvieron que ausentarse para evitar un posible contagio, además de que hay un importante grupo de personal vulnerable que no asiste a las unidades médicas. Ese personal “vulnerable” ha comenzado a regresar a la normalidad como espejo del optimismo que merece la circunstancia para relanzar desde el ISSSTE el proyecto de país del presidente López Obrador.

 

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