LO QUE RESISTE, APOYA

 


 

Vladimir Rothschuh

 

Es mayor el ruido de la reforma electoral, que lo de ella hay de cierto. Y entre más escándalo se introduzca desordenando  los fines  de un nuevo andamiaje electoral que saque a México de la subcultura del ex partido de Estado, mucho mayor será la bonanza de sus herederos. Porque ciertamente la que no le debe nada a esa degradación posdemocrática, es la Presidenta de México. Así, cualquier parecer suyo la vuelve adversaria de la emulsión que enfrasca Morena, PT y PVEM, igual del espejeo en la familiaridad del PRI, PAN, MC, PRD y las dos nuevas agrupaciones políticas en ciernes. Hay algo que quedó claro hoy: porque no anda en papel de marchante electoral, la presidenta Sheinbaum jamás entrará en el rejuego del toma y daca y que le está pasando otra factura a Rosa Icela cuando sus existencias políticas se las deben al Partido Morena. Adornar el Movimiento de Regeneración con la pluralidad del PT y Ecologista, parecía necesario en el 2018 y no tanto en el 2024, pero a la luz de las promesas presidenciales de acabar con los vicios del ex partido de Estado, esas dos pequeñas piezas del engranaje  coalicionista, se creen capaces de trabar la desaparición de plurinominales, el final de los subsidios, el nepotismo y la reelección. Es tan desagradable la proxenitud, que anunció la Presidenta la exclusión de Palacio Nacional de Karen Castejón y de Beto Anaya, pues para eso confía Sheinbaum en la ineficaz operación política de Rosa Icela,  de Monreal y de Adán Augusto. Estos tres cirujanos políticos son los marchantes en los que ha depositado su confianza la Presidenta, tres figuras que traen coja a la reforma electoral y trabajan más a su favor de sus intereses, que a los de Palacio. Al paso de las décadas nuestro sistema político se ofrece consolidado, como lo expresa la sentencia de la reforma electoral de 1977: “Lo que resiste apoya”. Y que en el 2026 pervive en la caracterización de los chiquipartidos engarzados en los pliegues del elefante reumático. En aquel entonces el objetivo de Reyes Heroles fue sacar a los partidos minoritarios de las sombras con una reforma política que los hiciera formar parte del establishment. Funcionó y acabó forjando una cultura férrea en torno del cochupo, la componenda, la burla y el cinismo en nuestra dinámica política. El talamantismo hizo época y las nuevas expresiones de ese legado están  formuladas no solo en las carreras políticas de los dirigentes petistas o verdes, sino en la consanguinidad sistémica de naranjas, tricolores, azules, guindas, amarillos, rosas. Nadie, ninguno de esos actores y partidos, tiene la honestidad de beber la cicuta, pues al parecer si se mueren ellos, nos morimos todos.