EDITORIAL

0.1% MÉXICO – ALEMANIA



*Desaceleración global
*Autarquía del INEGI
*PIB Economía Moral
        

VLADIMIR ROTHSCHUH


México creció en el 2019 a la par de Alemania, es decir en el 0.1%.  Las autoridades teutonas explicaron a qué se debió esa contracción económica aducida al Brexit y la guerra sucia de Trump contra las economías globales. En México el INEGI convierte a nuestra economía en una autarquía, nada tiene qué ver el entorno mundial y deriva penosamente esta ‘recesión técnica’ a la izquierda en el poder presidencial. Durante todo el año pasado el INEGI y Banxico se dieron gusto descalificando la economía mexicana como relejo del gobierno del presidente López Obrador y no como consecuencia de un entorno global ensuciado por las políticas de Trump, cuya paradoja es lo que consiguió a cambio Estados Unidos en el 2019 con un decrecimiento económico al 1.7% y la peor caída laboral de los norteamericanos como no había sucedido hace cincuenta años. La potencia mundial china que llevaba al hilo crecimientos arriba del 6%, tuvo que enfrentar los golpes de Trump y ver desmejorado su crecimiento como hace tres décadas y de ahí proviene en parte su alarma sanitaria subsanando déficit. El lucimiento de Japón fue de los peores, superó a México y Alemania en un punto. El mundo se contrajo en el 2019 y México forma parte de ese concierto económico obviado por el INEGI in vitro: lo que ocurre en México es responsabilidad del gobierno presidencial. ¿A quién culparían los alemanes, chinos o japoneses por su escaso crecimiento? Nadie culpa a sus gobiernos porque tienen una visión global de sus economías, salvo nuestra herencia virreinal de la auto culpa de la cual todavía hay gozo pleno en lo que los alemanes han determinado bien en su vocablo Schadenfreude. Con la creación del Gabinete de Crecimiento Económico, el presidente López Obrador vacunará los vicios de Banxico e INEGI, porque el silencio del sector económico gubernamental durante el 2019 fue penoso concediéndole la posverdad a los grupos neoliberales apoderados de INEGI y Banxico desde el zedillato y foxismo y que el presidente López Obrador ha certificado como versátiles para medir la riqueza en unas cuantas manos y no su distribución social. Y es ahí donde aparecen los nuevos retos para el Gabinete Económico de Alfonso Romo acercándose a Julio Santaella con el afán de redimensionar unas u otras variables de lo que medirá el INEGI en los parámetros de la Economía Moral.


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