EDITORIAL

PREVARICATO COMUNICACIONAL





*Alta burocracia y aseguradoras
*Microfinancieras del bienestar
*Héroes de las transformaciones
*Usurpación política
*Cruzada por la lectura


VLADIMIR ROTHSCHUH


Quebrar el binomio servidores públicos y multimedias es otra variable a estudio por el Coordinador de Comunicación Social del Presidente electo. Muchísimo tiempo ha que esa relación entre los medios de comunicación y los servidores del Estado viene desplazando a los reales periodistas de sus oficios. Durante las campañas presidenciales, más de una vez externó César Yáñez que los funcionarios del Poder Ejecutivo, del Judicial, de universidades públicas, del Congreso y Senado, comunicadores, crimen organizado, como ediles y gobernadores, se habían convertido en actores de prensa siendo que encarnan y desempeñan labores públicas a las que les parece poca cosa simbolizarlas añadiendo un plus de más exposición pública. De esa manera muchas multimedias o los grandes medios, como los denomina López Obrador, se han adueñado de las comunicaciones sociales en los Tres Poderes del Estado y en los tres niveles de gobierno, en una insana relación bien calificada por los morenos de prevaricato. Que las multimedias designen a sus ‘colaboradores’ en las comunicaciones sociales de los tres poderes del Estado, suena tan grotesco como que los funcionarios de esos tres Poderes hayan sido cooptados como plumas o comentaristas de las multimedias. Jesús Ramírez Cuevas pidió a los medios transparentar sus actividades desde el modelo formal de la información, esto es, regresar a la esencia comunicacional que se tergiversó con la tecnocracia, desapareciendo los editoriales, abriendo columnas de anónimos y que hizo de los reporteros fuentes contaminadas para opinar  violentando la simpleza del qué, cómo, cuándo, dónde de la pirámide invertida. Cuando un ministro de la SCJN, un magistrado electoral, un miembro del gabinete, un senador, un diputado,  un sacerdote, un capo o un reo político, usan de barandilla a la prensa  y se instalan en los espacios de los medios externando sus opiniones personales o en el peor de los casos, institucionales, desnaturalizan sus funciones, desplazan a los profesionales del periodismo, malversan el oficio y dan lugar al conflicto de interés. Hasta dónde Jesús Ramírez Cuevas convencerá a la nueva clase gobernante  para no formar parte de esta usurpación de funciones y así  transformar a los medios de comunicación sin que éstos se rasguen las vestiduras alegando injerencismo presidencial, revela no el cómo sino los para qué de la información en la Cuarta Transformación.
  

Las aseguradoras privadas ven perder sus negocios multimillonarios con el Estado y buscan meterle miedo a Luis Antonio Ramírez con la sobrecarga de atención generada por la alta burocracia. Las aseguradoras hacen ver al Presidente electo que casi cuatro millones de altos funcionarios y sus familias no acuden al ISSSTE gracias a ellas, el favor de la simpleza se esconde en los 600 millones de dólares en primas qué devolver. Y no se trata solamente de las aseguradoras sino de los millonarios ahorros del ISSSTE que lo tienen olvidando su función social por la especulación financiera para lo que no fue creado. Luis Antonio Ramírez perfectamente conoce de cabo a rabo la legislación del instituto que dirigirá para no seguir teniendo derechohabientes pobres y un organismo rico. La pobreza en el ISSSTE apunta a la infraestructura y servicios atascados en la visión macroeconómica en detrimento de la expansión del instituto. La visión particular de las aseguradoras es obvia al perder el becerro dorado y no se asumen como parte de la crisis de los servicios que ofrece el ISSSTE por dedicarse a atender exclusivamente a la baja burocracia federal.


María Luisa Albores acabó convenciendo al Presidente electo que depositar en el Bejaranismo el Banco del Bienestar no era un buen propósito en los objetivos de acabar con el clientelismo político. Y fue escuchada la titular de Sedebien privando López Obrador a Rabín Salazar y al Profesor Bejarano del manejo social entre los grupos vulnerables de la Tarjeta del Bienestar. Escogió el Presidente electo una de microfinanciera mexicana exitosa por trabajar con los pobres conforme al modelo hindú del Banco Grameen y que le valió a su creador, Muhammad Yunnus, el Premio Nobel. Así Banco Azteca será el responsable de dispersar las Tarjetas del Bienestar apartando al bejaranismo de esa tentación financiera y electorera. Esta decisión obligaría a Carlos Urzúa, Luis Antonio Ramírez y Carlos Martínez  a revalorar la reforma estructural financiera que no ha conseguido plenamente llegar a más mexicanos emprendedores para multiplicar la riqueza nacional. Son muchos programas financieros del gobierno federal que evitando el coyotaje de la banca privada, crearía un detonante en ambos sentidos, no un lucro de una vía a favor de los señores de la banca. Y no hay que ir lejos cuando Estados Unidos, un país capitalista le pone el ejemplo a México con las hipotecas  sin enganche y a sesenta años que hacen del sector inmobiliario una sana industria  que mueve la economía del país.


A la Cultura destacó Beatriz Gutiérrez Müller como agente de las transformaciones mexicanas, situando entre la segunda y tercera transformación como héroe anónimo del maderismo, al poeta nicaragüense Solón Argüello. Éste curiosamente ejerció la secretaría particular de Madero como décadas después lo haría De la Selva con Alemán y que influenciado por Salomón, daría desde la Presidencia un impulso nacional a la cultura. Entre Solón Argüello y Salomón de la Selva media el espíritu de Henríquez Ureña facilitador clasicista de Alfonso Reyes y de José Vasconcelos. No es darianamente raro que ahora Gutiérrez Müller anuncie una cruzada a favor de los libros y la lectura dentro de la Cuarta Transformación, como la que Henríquez Ureña, cronista de Argüello, estimuló en la SEP con el Ulises Criollo.  El ciego Jorge Luis Borges decía ‘soy lo que leo’ y la ceguera mexicana comenzó desde la clase gobernante con su falta de lecturas; o bien, su resplandor dorado aconteció bajo el mecenazgo del Estado con generaciones culturales que no se han vuelto a repetir y que ahí están en semillero aguardando a multiplicarse en la Cuarta Transformación.



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